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Alerta temprana de inundaciones: Con los pies en el barro


29 de agosto de 2026

Después de doce años de trabajo en barrios inundables del conurbano bonaerense, el proyecto Anticipando la Crecida sistematizó una metodología que integra información científica y conocimiento territorial para mejorar la respuesta frente a inundaciones. La experiencia, basada en la participación comunitaria y la articulación con organismos públicos, ya fue incorporada a políticas de gestión del riesgo en municipios y en la Provincia de Buenos Aires.

Javier Massa

Una alerta meteorológica puede anticipar una lluvia intensa, pero difícilmente pueda precisar qué esquina se inundará primero o por dónde comenzará a entrar el agua en las viviendas de un barrio.

En este sentido, un estudio del proyecto Anticipando la Crecida (ALC) muestra que, para adelantarse a una inundación, no alcanza con un buen pronóstico: el conocimiento de las comunidades y la articulación entre el sistema científico y los organismos públicos también son claves para construir sistemas de alerta temprana eficaces.

El trabajo, publicado en la revista Environmental Research: Climate, fue impulsado por investigadores e investigadoras del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos (DCAO) de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA, UBA-CONICET), junto con una amplia red de instituciones científicas, educativas y estatales.

“El proyecto busca articular las capacidades del sector científico y ponerlas en diálogo con los conocimientos territoriales sobre las inundaciones. Lo que ocurre en un barrio solo lo conocen los vecinos o el municipio. Lo que hicimos durante este tiempo fue construir un dispositivo de trabajo que permitiera fortalecer los sistemas de alerta temprana a partir de la información que surge del territorio. Este sistema funciona como un mecanismo que favorece el acceso a la información que se genera en la Facultad”, explica Federico Robledo, uno de los principales responsables de ALC, profesor del DCAO e investigador del CIMA.

La investigación se concentra principalmente en dos cuencas del conurbano bonaerense: Matanza-Riachuelo y Sarandí-Santo Domingo. Entre 2014 y 2025 se realizaron allí 55 encuentros territoriales con 1491 participantes: 40 encuentros con 1028 personas de 31 barrios inundables de Avellaneda, Lanús, Lomas de Zamora y La Matanza, y otros 15 con 463 participantes de 17 barrios de Lomas de Zamora, Quilmes y Florencio Varela.

Uno de los desafíos del programa fue cambiar la escala desde la que se piensa una inundación: interpretarla no como un fenómeno aislado que afecta a un barrio, sino como parte del funcionamiento de toda una cuenca. En la Matanza-Riachuelo, por ejemplo, una crecida puede registrar un segundo aumento entre 24 y 36 horas después de la lluvia, debido al agua que drena desde la cuenca alta hacia el Río de la Plata. Si la red comunitaria detecta precipitaciones intensas, los barrios ubicados aguas abajo pueden disponer de varias horas para prepararse.

En Sarandí-Santo Domingo, en cambio, la respuesta hidrológica es mucho más rápida -entre tres y seis horas-, por lo que el margen de anticipación es menor y la circulación de información resulta todavía más importante.

“La construcción comunitaria es fundamental. Si en otro barrio llovió mucho, el arroyo está desbordando o hay sudestada, esa información puede servirle a alguien que está aguas abajo”, señala Diego Moreira, también profesor del DCAO, investigador del CONICET y coautor del trabajo.

A partir de la experiencia acumulada en los distintos territorios, ALC sistematizó su metodología en un protocolo de siete pasos pensado para que pueda ser reproducido y adaptado en otros lugares. El recorrido comienza con la caracterización de las zonas críticas y las reuniones entre científicos, organismos estatales y actores locales. Luego se diseñan los encuentros comunitarios, se elaboran mapas participativos y redes de monitoreo, se capacita para interpretar pronósticos y alertas oficiales y se sistematiza la información. Finalmente, se establecen canales permanentes de comunicación y, después de cada inundación, se evalúa junto con los participantes qué funcionó y qué puede mejorarse.

“El protocolo es la serie de pasos que tratamos de ordenar para que sea reproducible por quien quiera trabajar de esta manera. Es una receta genérica, pero después hay que situarla en cada territorio y en cada realidad. No es lo mismo trabajar con una escuela y chicos que con una organización social de adultos o con un municipio”, explica Robledo.

El estudio documenta un caso concreto: en octubre de 2019, el barrio Nuestro Futuro, en La Matanza, pudo ser evacuado antes de una inundación. Según los referentes locales consultados por los investigadores, fueron claves el trabajo de mapeo y la capacitación realizados apenas dos meses antes.

 

Anticipando la Crecida Bonaerense

ALC comenzó a gestarse en 2013, después de las graves inundaciones de La Plata, cuando distintos niveles del Estado empezaron a discutir cómo complementar las obras de infraestructura con medidas no estructurales para reducir el riesgo. La primera experiencia se desarrolló en la Ribera de Quilmes, una zona expuesta tanto a las lluvias como a las crecidas del Río de la Plata provocadas por sudestadas, y luego se extendió a otras áreas del conurbano.

En abril de 2024, el Ministerio de Ambiente de la Provincia de Buenos Aires puso en marcha Anticipando la Crecida Bonaerense, un programa provincial basado en la experiencia de ALC para extender los sistemas comunitarios de alerta temprana a nuevos territorios. Durante 2025 llegó a cuatro municipios de las cuencas estudiadas y su implementación cuenta con financiamiento del Consejo Federal de Inversiones.

El trabajo de ALC también se trasladó a la formación de estudiantes de Exactas UBA: en la Facultad se dicta una Práctica Social Educativa sobre sistemas comunitarios de alerta temprana en la que estudiantes participan de actividades territoriales. Algunos luego se incorporaron a organismos públicos vinculados con la gestión del riesgo. Tal es el caso de Caterina Fosser, estudiante avanzada de la carrera de Ciencias de la Atmósfera, quien comenzó participando desde ALC y actualmente integra tanto el proyecto como el equipo municipal de Gestión del Riesgo de Lomas de Zamora.

 

Ciencia para la gente

Durante sus doce años de trabajo, ALC se sostuvo a través de distintas fuentes de financiamiento y programas, entre ellos Exactas con la Sociedad, UBANEX, el Programa Interdisciplinario de la UBA sobre Cambio Climático, proyectos del CONICET y de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, además de los programas IMPACTAR y Ciencia Ciudadana del entonces Ministerio de Ciencia.

“La idea es que la ciencia, en conjunción con el Estado, aporte conocimiento para el bienestar de la gente”, resume Robledo. Y cierra: “Estos doce años de Anticipando la Crecida muestran que, cuando se invierte en ciencia, ese conocimiento puede volver a la sociedad y mejorar la calidad de vida de las personas”.

 

Todos los participantes

A lo largo de los años también participaron del proyecto, entre otros, el Instituto Nacional del Agua (INA), el Instituto Geográfico Nacional (IGN), el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), el Servicio de Hidrografía Naval (SHN), la Universidad de San Martín, el Instituto Franco-Argentino de Estudios sobre el Clima, el Departamento de Hidráulica de la Facultad de Ingeniería de la UBA, municipios y dependencias de la Provincia de Buenos Aires, además de escuelas y organizaciones barriales.

 

 

 

Javier Massa

Javier Massa es redactor de NexCiencia, la agencia de divulgación científica de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, fuente original de la presente nota. 

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