Así la vemos: ¡VIVA PERON CARAJO!
17 de octubre de 2026
Columna de opinión de Alberto Gómez desde los adultos mayores.
Como todas las mañanas de la vida, especialmente en la de los jubilados, la rutina gana la partida, y las arrancamos cumpliendo todos los ritos habituales, día tras día, para poder iniciar el recorrido de esa nueva porción de vida, sin somnolencias, bien despiertos, para vivir el resto de la jornada sin aburrimiento, buscando sobrevivir el nuevo día sin sorpresas ni angustias.
Este sábado, 17 de octubre, el hábito diario alteró la cotidianeidad, con dos hechos muy agradables.
Primero, al asomarme al espejo, apareció el recuerdo, y la obligación de prepararme para festejar la llegada de los primeros 76 años de vida. Decidido a gozar las llamadas; de la familia, amigos y compañeros; que siempre recuerdan mi natalicio, acompañando el cariño que me dispensan, pero, básicamente porque memorizan el día, por la coincidencia con la conmemoración de la Lealtad peronista, conocedores de mi amor incondicional hacia la filosofía justicialista del General Juan Domingo Perón, y de la compañera Eva.
Pero ocurrió algo más que rememorar el cumpleaños, surgió algo muy movilizante. Una indeleble visión, una visión hermosa, quien se corporizaba era el General Juan Domingo Perón, parado a mi lado, y reflejado en el espejo. Podrá parecer una locura, o una alucinación producto de la senilidad, pero no, era muy tangible mi vivencia con el gestor ideológico, compañero por más de tres cuartos de siglo abrevando de su doctrina.
Generó en mí gran emoción la interacción, y trataré de describirla, con quienes saben de mi admiración.
Una ideología que abracé gracias al transvasamiento de mi padre, a través de sus vivencias y experiencias de vida, acumuladas mientras lo tuve a mi lado. Eran historias desconocidas para mí, que rememoraban la liturgia justicialista, lo vital de la Lealtad entre compañeros, y el inclaudicable seguimiento de la idea justicialista.
Fue una impronta moral para toda la vida, marcada por la movilización de un Pueblo que rescató a su líder de las mazmorras de la oligarquía, quien nos ofrendara una nueva vida, una dignidad humana desconocida.
Aprendí de mi viejo que, fue el General, quien nos dio la oportunidad de educarnos, de gozar la Justicia Social, de vivir una Nación libre, justa y soberana, que movilizó nuestra pasión de pertenecer, de distinguirnos, como lo hizo Eva, de ser cabecitas negras, otorgándonos el orgullo, y honor, de ser soldados de Perón.
Cuando mi viejo narraba su encuentro con la pareja presidencial; en la línea Sur de Ferrocarriles Argentinos, mientras trabajaba en el salón comedor; en una de las tantas giras presidenciales de la pareja, me emocionaba.
Obligado, por antiguos protocolos ingleses, el viejo, se tuvo que empilchar con el uniforme de gala, en honor al servicio presidencial. Al presentarse a atenderlos, Evita, lo miró de pies a cabeza, y le consultó: ¿es tu vestimenta habitual?, papá, pensando que tenía algo fuera de lugar, le respondió que no, que era obligación vestirse así para el servicio oficial. Entonces la señora, lo mandó a cambiarse, ponete las pilchas de todos los días, le dijo, y regresa a trabajar. Al retornar, lo miró nuevamente, y dijo, “nunca dejes de ser cabecita negra”.
Mi viejo siempre hablaba de la doctrina, de las 20 verdades, y a su manera militaba a favor del General. Siempre me enseñó que las ideas se comparten para ser cumplidas. Por eso, adhirió a la famosa huelga ferroviaria de octubre de 1961, con 42 días de lucha contra el plan de Frondizi, quién pensó que militarizando el servicio lograría abortar el reclamo gremial. Otra huella en mi vida, con poco más de 11 años, testigo de la detención del viejo por los militares, llevado a la rastra, y en pijamas, sentados ambos en el umbral de casa.
Me imagino conversando con el General, y decirle que esa huelga terminó el experimento Frondizi, quién se oponía a la teoría de Scalabrini Ortiz, que, el tendido ferroviario de los ingleses, había sido la araña metálica que atrapó a la mosca de la República, condenándola al primitivismo agrario, sin desarrollar la industria local.
Me explicó, que no se quedó con la teoría, y la noche de junio 1944, tras la conferencia sobre Defensa Nacional, en La Plata, Scalabrini le acercó una nota que decía, “Coronel le vamos a pedir los trencitos”.
Rápidamente, el reflejo corporizado en mi rito mañanero, Perón, me repentiza que le respondió, “En cuanto a su pedido, confíe en que los tendrá, Scalabrini. Apenas removamos algunos obstáculos, lo podremos hacer”.
Siguió la interacción, y de soslayo, veo el guiño pícaro del General, para explicarme que los obstáculos de los que hablaba, consistían en la inmensa estructura legal del coloniaje, sobreviviente en el Estado Nacional, y que, la nacionalización incluyó material ferroviario, y excluyo miles de hectáreas productivas.
Sostuve la ensoñada conversación, y le consulto sobre la Carta, cuando estaba asilado en Panamá, que le escribiera a Aramburu el 8 de marzo del 56, y le decía: "He leído en un reportaje, que Ud. se ha permitido decir que soy un cobarde porque ordené la suspensión de una lucha en la que tenía todas las probabilidades de vencer. Usted no podrá comprender jamás cuán to carácter y cuánto valor hay que tener para producir gestos semejantes. Para usted, hacer matar a los demás, en defensa de la propia persona y de las propias ambiciones, es una acción distinguida de valor. Para mí, el valor no consiste en hacer matar a los otros”.
Ensimismado, traté de chicanearlo con su discurso en la Cámara Legislativa del 1 de mayo 1974, cuando dijo: “Agentes del caos son Ios que tratan, inútilmente, de fomentar la violencia como alternativa a nuestro irrevocable propósito de alcanzar en paz el desarrollo propio y la integración latinoamericana, únicas metas para evitar que el año 2000 nos encuentre sometidos a cualquier imperialismo. Superaremos esta violencia, sea cual fuere su origen. Superaremos la subversión. Aislaremos a los violentos y, a los inadaptados”.
Imagino la conversación, donde le acepto que a su retorno del exilio volviera como un león herbívero. Pero, trato de dejarle en claro que lo prefería como el otro león, aquel de octubre del 55, cuando en su discurso ante el ataque de reaccionarios oligárquicos, la violencia política, los actos subversivos y fuerzas armadas golpistas, dejó la famosa frase, “Por cada uno de los nuestros que caiga, caerán cinco de los de ellos”. Muchos consideraron un grito de guerra, pero representaba la reivindicación de nuestros muertos en el bombardeo.
Ansiamos la paz, pero no ponemos más la otra mejilla. Queremos dirigentes que se embarren junto al Pueblo, no más sapos admirados por los zapatos blancos, dignos de salones mundanos, pero nunca enlodados en las barriadas populares, viviendo con ellos sus miserias, acercándose a sus dolores y necesidades insatisfechas.
Sin revanchas, le digo al General, lo que siguió a su muerte, el Terrorismo de Estado, fue desatado por herederos de aquella oligarquía fusiladora, una cacería humana para destruir al peronismo, como en el 55.
No lograron destruirnos, pero formatearon la política, y hoy, están los “populares”, presos de un internismo paralizante, flotando en la raquítica democracia actual. Desconocemos la verdadera frontera entre un patriota y un cipayo, y peor, la diferencia entre peronista y un entrenado saltimbanqui, que busca beneficio personal, usándonos para acceder al calor del poder. General, ya en 1952, Ud nos decía: “Un partido político sin unidad de acción es una fuerza inorgánica que no realiza grandes obras ni se consolida en el tiempo”.
Trato de explicarle, en mi infinita ignorancia, que el peronismo actual, se divide en dos o tres tribus. Está el peronismo metropolitano, una mesa chica donde asientan sus ínfimos poderes de liderazgo algunos dirigentes. Hay otro peronismo, el Federal de los gobernadores, individualistas, y algunos satélites de los libertarios desgobernantes. Existe un tercero, que se ha transformó en proveedor de candidatos testimoniales.
Ninguno cumplió una de las Verdades: “La verdadera Democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo”.
Opino General, faltan nuevos liderazgos, no hay candidatos a jugarse por la doctrina, a soñar el retorno de la Justicia Social como bandera. Solo veo, los que están dispuestos a obedecer, sin asumir responsabilidades.
Hoy, vale más la voz fuerte (del poderoso), que la dialéctica para convencer, en beneficio del ciudadano. Solo operan, sin contradecir el plan de Miseria planificada por el imperio. No cumplen con su retórica, “El que quiera conducir con éxito tiene que exponerse; el que quiere éxitos mediocres, que no se exponga nunca; y si no quiere cometer ningún error, lo mejor es que nunca haga nada.” Van por la comodidad de no hacer nada.
Soy consciente, General, los tiempos han cambiado, aquel formateo político de hace más de setenta años, la posterior estigmatización que sufrieron muchos dirigentes populares, la persecución ideológica, la cárcel para los que obraron a favor de los pobres, atemoriza a muchos, achica la fuerza de la voz, y la regencia colonial, nos escamotea hombres del partido, incapacitándolos para que puedan cumplir lo que Ud nos enseñaba en 1973, “que piensan que su misión en la vida es luchar para el Pueblo, por el Pueblo… y en el Pueblo.”
También sabemos, y creemos, lo que en 1952 nos explicaba sobre la conducción política. “Los partidos políticos triunfan o son destruidos por sus conductores. Cuando un partido político se viene abajo, no es el partido político quien tiene la culpa, sino el conductor”.
Hemos sufrido, con propios y extraños, lo que, en 1952, la Conducción, describía: “Los conductores son solamente hombres, con todas las miserias, aun cuando con todas las virtudes de los demás hombres”.
Ni hablar, de aquella descripción de la Conducción; sobre los que se creen, fantasean o viven una irrealidad tal, que los hace elevar a la condición de imprescindibles, superiores o mejores políticos; cuando decía “Cuando un conductor cree que ha llegado a ser un enviado de Dios, comienza a perderse. Abusa de su autoridad y de su poder; no respeta a los hombres y desprecia al pueblo. Allí comienza a firmar su sentencia de muerte”. No hubo tantos peronistas, si en el resto, iluminados que nos depositaron en la locura actual.
No hablemos de la gestión del Pueblo, la masa para Ud.: “Lo primero que hay que hacer para conducir es tener la masa, ya que "para hacer guiso de liebre lo primero que hay que tener es la liebre". Primero hay que formar el contingente que se va a conducir, porque con el conductor solo no se conduce nada. La conducción es posible cuando existe el objeto que se ha de conducir”.
Actualmente, la masa o el Pueblo, está adormecida, cansada, aburrida de tanta mentira, traición y falsedad, facilitando la gestión de los incapaces y cipayos que nos llevan a la Disolución Nacional.
Hace 74 años, definía algo General, que hoy, los argentinos todos, sufrimos en carne propia. Nos quieren tomar por boludos, nos mienten cruelmente, como si fuéramos brutos como ellos, y solo somos pacientes.
Aquella definición: “Algunos creen, una masa se conduce mejor cuanto más ignorante sea. Teoría de algunos conductores políticos. Cuanto más ignorante, mejor -piensan-, porque ellos la conducen según sus apetitos”.
No deben olvidar otra de las verdades: “Cuando los pueblos agotan su paciencia, hacen tronar el escarmiento.”
La reflexión de hoy concluye, sin conclusiones. La única, la definirán quienes se atrevan a leerla, porque es un tema que, a muchos argentinos de bien, nos conduce en la vida democrática desde hace ochenta años.
Por eso, no puedo dejar de desearles a todos, Feliz Día de la Lealtad Peronista compañeros.
VIVA PERON CARAJO!


