Aura militante
14 de febrero de 2026
Percepciones en la marcha contra la reforma laboral.
Las trompetas y los bombos, cuando se pasa muy cerca, ensordecen. Uno camina a los tumbos entre la multitud tratando de llegar al punto de encuentro; la muchedumbre, la murga y los estruendos de los tres tiros marean un poco. Cuando se llega a un claro se respira mejor, te orientas y buscas la bandera a la cual ir para encontrarte con los tuyos. Los tuyos, esos a los cuales les depositas la confianza de hermandad, el lugar seguro entre lo inseguro de estar cercado por las fuerzas represivas y sin vías de escape.
Caminar entre las selfies, los brindis con fernet con coca y el clima festivo extrapolado de otro tiempo, de otra realidad donde la estatización de la movilización popular ponía en reposo profundo la intención de lucha. Todo eso también marea. ¿No van a mirar hacia el Congreso? ¿Van a seguir celebrando?
El aura, en las personas con epilepsia, suele ser aquello que anticipa un episodio convulsivo, que se puede dar o no. Te empezás a alejar del plano de tiempo y espacio, las voces distantes y cercanas se mezclan, las distancias se confunden, se revuelve el estómago, los olores se vuelven nauseabundos; todo eso y el deseo que no pase lo peor en el medio de la asfixiante muchedumbre. ¿O no era un aura, era ver, sentir y oler una escena que se prefiguraba como movilización pero era exactamente lo contrario, una desmovilización con mucha gente y muchas organizaciones?
Tomé la medicación, dormí bien, estoy de vacaciones en el laburo, me venía sintiendo bien y descansado: no es un aura.
Sobre Rivadavia las organizaciones de izquierda forman un bloque algo más uniforme y dirigen su manifestación en dirección hacía la valla que protege a los que consumarán la reforma patronal, por el otro flanco (Hipolito Yrigoyen) algunos sindicatos se plantan a unos cincuenta metros dejando un generoso pulmón entre valla y manifestantes. En ese pulmón, los móviles de televisión trabajan cómodos, manifestantes sueltos van y vienen y algunas organizaciones políticas de menor número se ubican expectantes.
Conforme la ansiosa izquierda comienza con las primeras escaramuzas el pulmón que aseguraron algunos sindicatos fue achicándose, pero nunca el pleno de la movilización estuvo de frente a la valla y con una intención manifiesta de confrontar con las fuerzas represivas.
Mientras la izquierda y la policía se cruzaban en botellazos, balas de goma, hidrante y gas pimienta más acá se derribaban algunas vallas, quedando todos los presentes a la espera de la represalia y viendo como esquivarla. Lo que no se pudo esquivar fue el ataque artero y cobarde de uno de los sindicatos presentes, que acusando de infiltrados y policías a compañeros y compañeras que estaban donde se tiraron las vallas, garantizaron la paz a golpe de puños y empujones. Un sindicato enrolado en la CGT, que un rato antes taponaba la llegada a la valla del grueso de los manifestantes luego obra de fuerza de choque del Gobierno y socio de las fuerzas represivas.
Sigue la confusión de tiempo y espacio, no es por el aura, es por una realidad totalmente dada vuelta, irreal, incomprensible.
Empiezan los gases a discreción, dispersión, vamos y venimos, luego vamos menos y después no va nadie; corren los vendedores de choripán con todo a cuestas, el mismo final, perdimos adentro y afuera.
Balas de goma, detenciones, gases, el repertorio represivo de despliega sin contratiempos, ahora sí hay paz, esa que garantizaron algunos mientras el pueblo se manifestaba ahora se consolida en la calle vacía.
El grueso de una militancia popular, política o sindical, que no se ubica en tiempo y espacio, a la que se le mezclan voces distantes y cercanas, que confunde distancias, momentos y situaciones, que huele a podrido hasta en un rosedal, pareciera estar padeciendo un aura hace ya largo tiempo, un aura larguísima, un aura que se convirtió en la propia enfermedad, laberíntica, insomne, extraviada, que se saca fotos con la tragedia de fondo, que brinda con fernet con coca en la vereda del palacio donde se asa nuestro futuro. También es esa misma que prefiere el disturbio tempranero que robe la primera foto, para luego arrogarse representaciones en redes sociales.
A toda esa militancia, todas esas organizaciones, todas esas voluntades a las que absolutamente nadie conduce, más temprano que tarde le vendrá su propia crisis donde encausará la energía y liberará todo su potencial para encarnarse en el pueblo y acompañarlo hacia su destino de felicidad.


