Del fútbol al trabajo y del trabajo al fútbol
02 de mayo de 2026
Se celebró un nuevo 1 de mayo. Las diferentes concepciones sobre el anclaje conceptual de deporte más apasionante del mundo y quienes lo integran nos hace reflexionar sobre cuál es la relación que existe entre los trabajadores del deporte, hasta aquellos que, dejando su laburo de lado, son el pilar fundamental de una industria que solo da riqueza para los dueños que menos se parecen a lo que muestran por sus medios.
El fútbol es un trabajo, no solo para aquellos que son futbolistas, sino para todos los que forman parte de su entramado funcional. Trabajador del fútbol es el cuerpo médico de un plantel, el que está en el molinete, las fuerzas de seguridad públicas y privadas. Jamás podemos olvidarnos de aquellos trabajadores que los clubes tienen para el normal funcionamiento de los mismos en el dÃa a dÃa.
Se encuentran también los laburantes de venta ambulantes, pero hay un trabajador que no es reconocido, dada su condición dentro del espectro futbolero: el hincha.
El hincha, que es la vida del fútbol, aquel que se asocia a una entidad deportiva y aporta económica como intelectualmente, es aquel al que menos se puede reflejar el fútbol. ¿Qué serÃa de este deporte sin aquellos que llenan las canchas? Estas personas son capaces de poner en riesgo su propia ocupación, juntando el mango para poder verlo en la tribuna o pagar el pack fútbol para verlo desde su casa o algunos ni eso y tienen que ingeniárselas entre los medios partidarios o páginas piratas para poder seguirlo.
El negocio prima por sobre el deporte y este hecho por los que menos se parecen al fútbol, que son los representantes, los grandes monopolios de comunicación y la connivencia de una porción de los dirigentes de los clubes.
En esta globalización mercantil, se encuentra el rol de los jugadores. Aquellos que desde chicos han soñado con vivir de jugar al fútbol y para eso se han sacrificado toda la juventud, para poder cumplir su sueño.
Los intereses del negocio juegan, y es natural que muchos de ellos sean factores utilitarios de los poderosos. También es un proceso normal que, a partir de las distintas épocas, las maneras de pensar de los mismos, cambie con la misma notoriedad que la vestimenta.
Existieron jugadores como Diego Maradona que, en 1995, fundó la Asociación Internacional de Futbolistas Profesionales (AIFP) en ParÃs, un sindicato mundial destinado a proteger los derechos laborales de los jugadores y contrapesar el poder de la FIFA.
Sócrates, impulsor de la “democracia Corinthiana”. En el plano europeo, Johan Cruyff, que se negó a disputar el mundial 78 por la feroz dictadura que atravesaba nuestro paÃs.
Estos ejemplos, como tantos otros, son aquellos que muestran que existen futbolistas con la convicción de no limitarse al desarrollo del fútbol en un campo de juego, sino el entender que un jugador no es una persona alejada de la realidad que vive su entorno.
En nuestro paÃs, hemos desarrollado en variadas crónicas reivindicando a quienes ven al futbolista como un trabajador con pensamiento crÃtico, como también a los serviles mulos del poder. Que son la herramienta ideal para que los mismos de siempre se queden con nuestra pasión.
La gestión de Milito tiene similitudes y diferencias con respecto a la de Juan Román Riquelme. La similitud es que ambos fueron jugadores e Ãdolos en sus clubes que decidieron emprender su carrera a nivel dirigencial, siendo presidentes y elegidos por elecciones históricas con el voto de sus socios.
La diferencia son los modelos de club que cada uno plantea y su relación con los medios de información. Milito defiende la porción de la torta que se comen los poderes, Riquelme la del club y por eso los constantes ataques.
Otra similitud es que ambos están teniendo una gestión que no es satisfactoria para los hinchas. En el caso de Boca, la sequÃa de tÃtulos y el rendimiento irregular en el plano futbolÃstico, sumado a la idiosincrasia del hincha de Boca –no le importa la realidad institucional, analiza en base al rendimiento futbolÃstico–.
Del lado de Diego Milito, prometió un salto de calidad que no logró, consiguiendo desarmar un equipo que fue campeón de la Copa Sudamericana y volviendo a impregnarse de esa aura perdedora que mucho tiempo tuvo cautivo al club de Avellaneda.
Acá corre una diferencia sustancial: Milito en su lista llevó a Lacunza y asesorado por MarÃn, con grandes contactos con representantes y medios de comunicación. El cerco mediático se rompió estas semanas, cuando los periodistas que son afines a la defensa de los clubes manejados por empresarios o representantes de las clases elitistas no pudieron tapar que la academia está a una fecha de finalizar el certamen, con chances de quedar afuera de los 8 en su grupo y dando pena por la Copa Sudamericana, con refuerzos medio pelo que pagaron fortunas y sin ver avances en la infraestructura del club –cosa que se le achacaba mucho a la gestión de VÃctor Blanco–.
Cuando Riquelme falla, como no está alineado con determinados intereses, es colocado en la parrilla de la penitencia y cocinado hasta que el último chancho mentiroso se sirva de él, más allá que los errores lleven a una crÃtica. Pero no es la misma que la que se apela con Milito y es netamente porque el mandamás de la institución celeste y blanca forma parte de aquellos que quieren quedarse con el fútbol para que sea cada vez más parecido a los empresarios, donde la adquisición de clubes los lleva al análisis de que los hinchas son clientes, pero fallan constantemente porque el trabajador opera bajo la razón y el hincha bajo el sentir.


