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El muro invisible para que los trabajadores no entren


22 de agosto de 2026

El 20% menos de trabajadores que viajan en colectivo desde el conurbano a CABA son parte de la maldición del sistema. Pagan un peaje social cada vez más caro para entrar y salir de la ciudad rica. Dejan allí gran parte del salario que van a ganar, en colectivos, trenes y subtes. Dejan la salud mental en la desesperación por llegar a horario al último tren. Se los segrega y se los discrimina.

Silvana Melo

El 35 % del país se amontona en el AMBA, en un pedazo de territorio desigual, de vigorosa crueldad, radiográfico de la terrible asimetría que se anancha entre los trabajadores que soportan el castigo de un día sin un minuto para el disfrute y aquellos quienes piensan la estructura del poder. Que, inexorablemente, segrega a los pobres, a los estigmatizados por vivir en el sur del conurbano y también en el conurbano en su totalidad. Y trata, literalmente, de expulsarlos de la Ciudad. La rica, la imperial, la sucia, la represiva, la maloliente, la más  bella del mundo latino, la gobernada para el desprecio.

Por eso los trabajadores que van y vienen entre el conurbano y la CABA deben pagar cada vez un peaje más caro para entrar y salir. Dejan allí gran parte del salario que van a ganar, en colectivos, trenes y subtes. Dejan la salud mental en la desesperación por llegar a horario al último tren. Dejan la vida en cuatro o seis horas de viaje para ir y volver de sus casas en Wilde o Varela. Dejan la dignidad en manos de un alcalde mediocre que no tiene más que mostrar que la represión, que no sabe hacer otra cosa que mandarle la policía a la chica que vende paltas o al festejo por un triunfo de Argentina. O al luto por la muerte del Indio.

 

Lo único que quiere es que no entren.

El trabajador que arranca de madrugada y sale del primer cordón, si tiene que combinar tren, colectivo y subte para llegar a su trabajo puede gastar hasta 120 mil pesos por mes sólo en transporte. En un salario mínimo (376.600 pesos) es el 31,5 %. Van a trabajar para pagar el transporte para ir a trabajar. Se privilegia forzosamente unir el conurbano con CABA antes que el alimento, la salud, los servicios, por citar algunas cosas vitales. Paréntesis: después de servicios básicos como electricidad y gas, nada se encareció más en los últimos dos años como el transporte público. Un 90%. Con un 33 % de inflación interanual.

Si la cantidad de pasajeros disminuyó el 20 % tiene que ver, seguramente, con que a muchos les conviene no llegar a ese trabajo y quedarse en la provincia. El alcalde habrá conseguido uno de sus objetivos más queridos. Que no entren.

La política tarifaria y de reducción de los servicios es claramente segregacionista y discriminatoria. Para la gente que llega desde el conurbano, el precio para trabajar en CABA es altísimo. Y si no lo pueden pagar, deben quedarse en su provincia. Esa es la estrategia, hasta el momento, muy exitosa.

Los trenes han acotado el horario en Plaza Constitución. La gente corre, desesperadamente. Porque las últimas formaciones del Roca salen más temprano. La que pasa por Témperley, Adrogué, Burzaco, Longchamps, Glew, tiene su última salida las 20,38. Es una catástrofe para miles de trabajadores. Para los que terminan de trabajar a las 20 perder ese tren es un desastre. Es apenas un ejemplo. Nadie explica por qué a la noche no hay tren. Y las unidades de colectivos casi no existen. Y la gente que trabaja de noche sufre otro abandono. Otro más.

El boleto mínimo aumentó 16 veces en dos años y medio en CABA; 14 veces en las líneas nacionales y 21 veces en los servicios bonaerenses. El salario mínimo apenas aumentó 2,6 veces.

Pocos meses atrás la Ciudad decidió eliminar los beneficios de combinación entre subte y tren, que reducían en un 50% el costo. Especialmente cuando el valor del subte es altísimo (1700 pesos). Los trabajadores del conurbano pagan tarifa plena. La gran mayoría trabaja en CABA y vive en la provincia. Se los castiga por eso.

El peso es tan grande que en un año se vendieron 28 millones de boletos menos (julio de 2025 – julio de 2026). Muchos caminan, llegan en bicicleta, hacen dedo, compran motos baratas (se ha multiplicado la venta y de los accidentes mortales el 30 por ciento conducían motos), cuando no hay alternativa toman Uber o Didi moto, se quedan a dormir en la Ciudad, en paradores. O dejan de trabajar.

Porque no hay elección para 1.200.000 personas que todos los días, a la madrugada, a la noche, a los horarios más inhumanos, cruzan provincia hacia capital. No pueden elegir comprar una milanesa más barata o recorrer Once para conseguir zapatillas para los chicos. El colectivo, el tren y el subte son eso, cuestan eso y pasan al horario que pasan. Sin promociones ni cuotas para el castigo.

 


Fuentes y notas para leer

-Correr para llegar al último tren: menos servicios, colectivos llenos y la odisea de los que vuelven de noche al sur del GBA.

-Más caro y peor: cae el uso del transporte público, también por la economía y a contramano del mundo.,

-Del GBA Sur a CABA: un trabajador puede gastar $118 mil por mes solamente para llegar a trabajar.

-Viajar, un lujo: la crisis y el ajuste del transporte público está destruyendo la vida de los trabajadores.

 

Silvana Melo

Silvana Melo es periodista en la Agencia Pelota de Trapo. 

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