El terrorismo de Estado fuerza del Imperio
07 de marzo de 2026
"Pensando la memoria de los dÃas que se acercan y que fueron, retomé un libro que me pareció excelente. Anathea Portier-Young (Ohio 1973), que pertenece a la tradición veterocatólica, escribió un libro monumental e importante: Apocalipsis contra imperio. TeologÃas de resistencia en el judaÃsmo antiguo "
Pensando la memoria de los dÃas que se acercan y que fueron, retomé un libro que me pareció excelente. Anathea Portier-Young (Ohio 1973), que pertenece a la tradición veterocatólica, escribió un libro monumental e importante: Apocalipsis contra imperio. TeologÃas de resistencia en el judaÃsmo antiguo (publicado en castellano por ed. Verbo Divino, Nº 39 de la colección Agora, en 2016). El original es de 2011 y expresa su tesis doctoral en la Universidad Duke de 2004. La seriedad de la obra queda expresada en el prólogo de John J. Collins, probablemente uno de los estudiosos actuales que más y mejor ha trabajado la literatura apocalÃptica. Allà dice:
Este libro realiza una importante contribución al estudio de Judea, bajo la dominación seléucida y al conocimiento del contexto social de la literatura apocalÃptica; pero hace más que eso. El terror de estado que Portier Young describe aquà no es de ningún modo exclusivo del imperio seléucida. Se trata de un fenómeno también repetido en el presente. Igualmente, las diversas estrategias de resistencia que ella refiere se emplean todavÃa en el mundo moderno. Es una realidad incómoda el hecho de que muy a menudo se percibe a Estados Unidos como un imperio en la tradición del seléucida. La información que ofrece Portier Young sobre las diversas estrategias de resistencia nos puede ayudar a entender los motivos de quienes se oponen activamente a la dominación imperial, que a menudo son tildados de terroristas. Y también muestra que el recurso a la violencia no es la única estrategia de resistencia aprobada y configurada por los escritos que hemos heredado del judaÃsmo antiguo (pp. 10-11).
Anathea, como es razonable, divide la obra en tres grandes partes: la teorización de la resistencia (cap. 1), la situación histórica de la dominación seléucida en Judea (caps. 2-6) y las teologÃas apocalÃpticas de resistencia ante esa situación (caps. 7-10).
Lo que me parece ilustrativo, y a lo que aquà hago mención, es precisamente a la segunda parte, la histórica. Los aspectos para pensar nuestro presente (como dice Collins) creo que saltarán a la vista.
Los seléucidas (herederos de Alejandro Magno en la región de Siria hasta el Indo) capturan el actual territorio judÃo luego de la batalla contra los ptolomeos en la 5ta guerra siria (198 a.C.). Es a este perÃodo al que se refiere con detalles minuciosos la obra de Anathea. Este estado seléucida provocó – lo cual es el eje temático de la obra que comentamos – el surgimiento de diferentes modos de resistencia y, obviamente, la consiguiente violenta reacción imperial. Este contexto de violencia será el que – como literatura de resistencia y esperanza, hace surgir los diferentes escritos apocalÃpticos (a los que Anathea dedicará la tercera parte de su obra).
No hace falta señalar, solo indico, que los griegos y los judÃos, en lo cultural y religioso, estaban “condenados” a no entenderse (más allá de las evidentes traiciones, ¡que las hubo!). Nuevos surgimientos en los ptolomeos condujeron a la sexta guerra siria (170-168 aC) de la que una consecuencia “colateral” fue la reacción contra los judÃos que – resistencia – se habÃan mantenido fieles a sus tradiciones. Y acá el tema como lo plantea Anathea en el cap. 5:
AntÃoco IV pretendió recrear el Imperio y, para lograrlo, en Israel, implantó un “terror de Estado” (pp. 218-220), una masacre (pp. 221-224), irrupción y asesinatos en casas (pp. 224-226), secuestros (pp. 227-230), saqueos (al Templo especialmente; pp. 231-238), la humillación de toda la ciudad (pp.239-242), el envÃo a la ciudad de un terrorista de Estado con mercenarios y sicarios (pp.242-256) y los consiguientes diversos modos de reacción: huida al desierto, denuncias, confianza en Dios, etc. (pp. 256-264).
En todo esto, para reflejar más nuestra actual realidad, Anathea ilustra, muchos de estos momentos, haciendo referencia a la situación argentina en los 70s, “la irrupción en las casas” (p. 225), donde en nota 21 dice:
«Sluka [Death: The Anthropology of State Terror, Philadelphia 2000] señala que “la guerra sucia (sic) en Argentina se convirtió en sinónimo de los modernos reinos del terror y estimuló la antropologÃa del terrorismo de Estado” (“Introducción”, p. 14). Los estudios antropológicos sobre el terrorismo de Estado en Argentina, que están en la vanguardia de la investigación cientÃfica sobre este fenómeno de una manera más amplia, proporcionan también un recurso importante para la comprensión de la dinámica del terrorismo de Estado en el mundo antiguo».
Luego hace referencia a los secuestros, donde destaca:
«Los secuestros eran también actos de terror. Como los jerosolimitanos asesinados, los secuestrados y vendidos como esclavos eran vÃctimas del terror seléucida, pero no sus objetivos. Los objetivos eran los que quedaban atrás en Jerusalén y Judea. Cómo actos de terror, los secuestros tenÃan la finalidad de traumatizar a individuos ya abrumados y erosionar el tejido social de las comunidades de Jerusalén y del resto de Judea. Entre los efectos traumáticos de la desaparición no solo estaba la pérdida de seres queridos, sino la prolongación del miedo y la duda respecto a la suerte corrida por ellos. Esa incertidumbre era una fuente de esperanza, pero también de gran tensión psicológica y social. Los que habÃan visto acuchillados a sus seres queridos sabÃan que habÃan muerto, y podÃan llorarlos y quizás hasta darles debida sepultura; en cambio, el destino de los desaparecidos seguÃa siendo una incógnita. Quienes habÃan quedado en una ciudad llena de cadáveres, pero no habÃan encontrado a ninguno de los suyos entre los muertos abrigaban, a la vez esperanza y miedo. (…) La modalidad de la “desaparición” es más cruel todavÃa que el asesinato público, puesto que suscita la percepción de peligro situando a la gente en un mundo imaginario, no seguro pero probable, creado por la posibilidad de que la persona desaparecida esté aún con vida».
Y acota, en nota (p. 229 n.38):
“La desaparición en masa perpetrada por AntÃoco es diferente de la serie de desapariciones selectivas que se llevaron a cabo en Argentina. Sin embargo, elementos comunes, como el terror de Estado mediante secuestros, la pérdida traumática de miembros de las familias y la subsiguiente respuesta resistente, permiten la exploración de ulteriores paralelos”.
Me detuve extensamente en una obra académica excelsa, con estudios detallados sobre la situación histórica (2ª parte), frente a la cual hay diferentes actos y textos de resistencia (1ª parte) la cual es desarrollada temáticamente (teológicamente; 3ª parte).
Como es de esperar en el habitual pluralismo bÃblico, las respuestas no son uniformes sino variadas y van desde la fuga a la resistencia armada, desde la militancia religiosa a la sumisión, desde la traición a la respuesta sapiencial. Todo eso lo desarrolla Anathea en la tercera parte de la obra. Y, como señala J. J. Collins, “muestra que el recurso a la violencia no es la única estrategia de resistencia”. Pero, ¡y aquà lo fundamental!, que la resistencia es indispensable. Al menos los muertos, los desaparecidos, sus familias, los exiliados, los niños apropiados merecen que sigamos resistiendo, porque los desaparecidos siguen desaparecidos (¿dónde están?), porque los que ya no son niños siguen ignorando su identidad, porque el modelo económico implantado con la sangre y el terrorismo de Estado siguen vigentes, porque las traiciones siguen taladrando los corazones y tantas amigas y amigos con los que militamos y compartimos vida y muerte, sencillamente ¡lo merecen!


