El último que apague la luz
27 de junio de 2026
La agenda colonial avanza a ritmo sostenido en medio de distracciones diversas que el sistema polÃtico asume con obediencia inocultable. Un saqueo ejecutado sin resistencia social equivalente a la profundidad de las transformaciones económicas, sociales, polÃticas y legales que se está materializando en el paÃs, nos enfrentan a la horrible sensación de estar habitado por la sospecha de que el último saqueador, apagará la luz cuando acabe la faena. ¿Qué paÃs vamos a encontrar cuando abramos los ojos en plena oscuridad?
Los mojones del saqueo
Esta semana, mientras el sistema polÃtico se enredaba en el sainete de Manuel Adorni, el programa colonial avanzó a paso firme. El oficialismo logró quórum y avanza con el "Súper RIGI", una versión ampliada del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones que la Ley Bases habÃa aprobado con menos vuelo. El proyecto prevé beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios para proyectos de inversión superiores a los mil millones de dólares. En concreto: todo extractivismo. MinerÃa, energÃa y actividades vinculadas a la economÃa digital.
Los números son elocuentes: alÃcuota reducida del 15% en el Impuesto a las Ganancias, estabilidad tributaria y cambiaria por 30 años, exenciones de derechos de importación y exportación, amortización acelerada de inversiones y liberación progresiva de divisas. Con 130 votos a favor, 106 en contra y 7 abstenciones, se aprobaron estos beneficios que convierten a la Argentina en un paraÃso fiscal para las multinacionales. Todo a cambio de nada, o mejor dicho: a cambio de que la riqueza que se extraiga de nuestro subsuelo, de nuestros rÃos, de nuestra tierra, no deje más que migajas en el bolsillo de los argentinos.
Al mismo tiempo, el Senado debate el proyecto de "Inviolabilidad de la Propiedad Privada". No se dejen engañar por el nombre: no se trata de proteger la propiedad de los humildes, sino de blindar el latifundio y la especulación. La iniciativa elimina el tope del 15% a la titularidad extranjera sobre el territorio nacional, lo que significa que cualquier extranjero —persona fÃsica o empresa— podrá comprar tierras argentinas sin lÃmite alguno. Incluso, en zonas de frontera, poniendo en severo riesgo la integridad territorial como aspecto vital de la soberanÃa nacional. Restringe además el poder expropiatorio del Estado, quitándole la posibilidad de hacerse de recursos estratégicos, y autoriza el cambio de uso de suelo por 60 años luego de un incendio en vegetación, bosques, áreas naturales protegidas y humedales. Es decir: incendio, compra, negocio. El modelo depredatorio convertido en ley.
Y mientras todo esto ocurre, el gobierno avanza en la concesión de la Cuenca del rÃo Paraná. La "VÃa Navegable Fluvial" —esa mal llamada hidrovÃa que canaliza más del 90% del comercio exterior argentino— fue adjudicada al consorcio liderado por la empresa belga Jan De Nul. El control de nuestro principal corredor comercial queda en manos extranjeras, con todas las implicancias que eso tiene para la soberanÃa sobre nuestros recursos estratégicos. No es una decisión técnica: es una decisión polÃtica. Y es una derrota. Como aquella del 20 de Noviembre de 1845, cuando las potencias imperialistas de la época forzaron la navegación de nuestros rÃos. Pero entonces, al menos, hubo resistencia. Hoy, apenas hay indiferencia.
También se promulgó la reforma de la Ley de Glaciares. La nueva norma redefine el objeto protegido, limitando la protección a aquellos glaciares y al ambiente periglaciar que cumplan "funciones hÃdricas especÃficas", y habilita a las provincias a definir qué explotaciones podrán desarrollarse en zonas glaciares y periglaciares. El agua que bebe el pueblo, esa que deberÃa ser un bien común, queda sujeta a la lógica del negocio. Un negocio que no beneficia a los argentinos, sino a las corporaciones que ya están afilando los cuchillos.
Y como corolario de este combo perfecto, las petroleras de capitales extranjeros con operaciones en la Argentina retomaron el envÃo de utilidades a sus casas matrices en el exterior. Es la primera vez que eso sucede desde que el cepo cambiario fue restablecido en septiembre de 2019. El movimiento es consecuencia directa de una flexibilización dispuesta por el Banco Central en abril de 2025.
Los datos son contundentes. En marzo de 2026, los egresos por utilidades y dividendos totalizaron 869 millones de dólares. De ese total, 603 millones se canalizaron mediante compras en el mercado de cambios y 265 millones a través de operaciones de canje. El sector energético concentró la porción más significativa: 460 millones de dólares, más de la mitad del total. En abril, se sumaron otros 107 millones. En total, más de 500 millones de dólares en apenas dos meses. Dentro de las empresas que ya están girando utilidades, se menciona a TotalEnergies, Chevron y Shell. La flexibilización de normativas permitió la remisión de utilidades al exterior por más de 1.500 millones de dólares en el primer cuatrimestre, liderada fuertemente por sectores extractivos. En total, más de 500 millones de dólares en dos meses.
Una telaraña de regulaciones diseñada para desmantelar las capacidades nacionales de organizar la economÃa y el territorio para proyectar grandeza nacional y concretar felicidad popular.
Como anillo al dedo
El programa de saqueo colonial que se planificó en el extranjero para ser ejecutado al abrigo de la enorme distracción social que significa que un paÃs de las dimensiones polÃticas y económicas de Argentina sea gobernado por una persona con un retraso mental inocultable, tiene además un derrotero cotidiano de estupideces habitando el espectáculo de la polÃtica. Las acciones de choreo acelerado de Manuel Adorni exponen la voracidad con la que el circo de subnormales que acompañan a Milei se arrojaron sobre los negocios vinculados al poder, a sabiendas de que el golpe de suerte puede terminar en forma acelerada.
La respuesta, en clave de operación de prensa, de desempolvar al olvidado Insaurralde para equiparar corruptelas a lo largo y ancho del sistema polÃtico, es un exponente claro del sentido común que acompaña el errático devenir de una democracia liberal que cada dÃa sirve un poco menos para organizar social y polÃticamente este paÃs. De un lado y del otro del sistema polÃtico, enganchados de un escándalo o de otro, pidiendo que el de enfrente también hable del escándalo que pretende instalar el bando contrario. Un auténtico desaguisado en el que el sistema polÃtico entero se engancha del escándalo con una obediencia casi conmovedora. Diputados piden interpelación, senadores anuncian censura, las redes arden de indignación. Y todo el mundo discute si Adorni mintió, si Milei lo respalda, si el gobierno va a caer.
Pero no todo se trata de una maniobra de distracción polÃtica. El problema más grave que enfrenta el deteriorado sostén cognitivo de una sociedad atravesada por la dependencia tecnológica es la certeza que se impone como sentido común: que el crimen que más afecta a la cosa pública es la corrupción. Mientras tanto, la fuga de capitales, la evasión impositiva, el contrabando, los negocios vinculados al endeudamiento externo, las tasas usurarias, la proliferación de cuevas para negocios de financiamiento parasitario sobre las carencias sociales, constituyen un paisaje intrascendente para un devenir económico dramáticamente colapsado.
Porque la trampa es más profunda que el escándalo. No se trata de que el gobierno use a Adorni como cortina de humo. Se trata de que el sistema polÃtico entero necesita que la discusión se reduzca a la corrupción para no tener que discutir lo que realmente importa: el saqueo estructural, la extranjerización de la economÃa, el desmantelamiento del Estado, la subordinación colonial. La corrupción es el debate cómodo, el que no ofende al poder económico, el que permite que todos se sientan del lado de la ética sin tener que enfrentar a los verdaderos enemigos de nuestra Patria y de nuestro Pueblo.
Cuando la luz se apague
Un saqueo ejecutado sin resistencia social equivalente a la profundidad de las transformaciones económicas, sociales, polÃticas y legales que se está materializando en el paÃs, nos enfrentan a la horrible sensación de estar habitado por la sospecha de que el último saqueador, apagará la luz cuando acabe la faena.
Es la constatación de que el programa de miseria planificada avanza sin freno, que las instituciones se vacÃan de contenido, que la democracia liberal se reduce al ritual vacÃo del sufragio y que el peronismo, esa herramienta histórica de concreción de los anhelos nacionales y populares, atraviesa un desierto ideológico que lo vuelve impotente frente al saqueo.
La pregunta entonces es: ¿qué paÃs vamos a encontrar cuando abramos los ojos en plena oscuridad?
Porque cuando la luz se apague no va a haber candidato que resuelva, ni interna que ordene, ni denuncia que alcance. Lo que va a haber es un paÃs devastado por el saqueo, un pueblo empobrecido, una soberanÃa atravesada de conflictos y un estatuto legal del coloniaje rigiendo la dinámica de producción polÃtica.
Hay que ser luz en las sombras del saqueo. Certezas en la incertidumbre, organización donde prolifera el individualismo, militancia donde se emprolijan sus ropajes los futuros candidatos. Aportar a la reconstrucción profunda de la dinámica de producción ética y polÃtica del movimiento nacional. Con un programa de liberación que ponga la soberanÃa, la independencia económica y la justicia social en el centro de la escena.
El tiempo del denuncismo fácil y la indignación de cartón se está agotando. El tiempo de la reconstrucción, de la organización, de la resistencia con proyecto, recién empieza. Y no va a nacer en el recinto parlamentario, ni en la mesa de los partidos, ni en el escritorio de los dirigentes. Va a nacer en el subsuelo de la Patria, en ese lugar donde los humildes saben que sin organización no hay futuro. Va a nacer cuando aquellos que tienen hambre de justicia dejen de esperar a que el peronismo resucite y empiecen a construir, con sus propias manos, el paÃs que este sistema no quiere que exista.
Porque, digámoslo sin vueltas: Adorni no es el problema. Milei no es el problema. La democracia liberal que los sostiene, el sistema polÃtico que los legitima, el peronismo zombie que los observa sin reaccionar, ese es el problema. Y la solución, la única solución posible, es volver a pensar la Argentina desde la soberanÃa, desde la planificación, desde la justicia social. Es volver a ser patriotas. Es volver a ser peronistas. Es volver a ser aquello que un dÃa supimos ser y que, por el desierto ideológico, por la impotencia, por el conchabo, olvidamos ser.
El último que apague la luz. Pero que no sea un gesto de derrota. Que sea el gesto de quien, en medio de la oscuridad, sabe que la luz nueva va a nacer de sus propias manos.


