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Extranjerización y contrastes: Continental Resource en Vaca Muerta e YPF aumenta la nafta


16 de mayo de 2026

El gigante yanqui desembarca en cuatro bloques neuquinos mientras YPF aumenta combustibles. No es casualidad: la guerra en Irán disparó el precio del barril y las petroleras extranjeras facturan, pero el costo lo pagan los argentinos. Un modelo que extranjeriza la renta, fugas dólares y nos deja sin soberanía energética.

Mariano Luna

El gobierno de la provincia del Neuquén acaba de oficializar lo que ya era un secreto a voces: la gigante estadounidense Continental Resources se instala en Vaca Muerta. A través de dos adendas contractuales y una cesión de participación, la empresa controlada por el magnate Harold Hamm -uno de los pioneros del fracking en Estados Unidos- se quedó con participación en los bloques Coirón Amargo Sur Este, Aguada Cánepa y Bandurria Centro. En todos los casos, Pan American Energy (PAE) seguirá como operadora. En Los Toldos II Oeste, en cambio, Continental ya es operadora con el 90% del área. La semana pasada, Río Negro hizo lo propio para el ingreso de la misma firma en Loma Guadalosa.

Cuatro bloques. Una sola dirección. La misma que viene trazando el modelo energético del gobierno de Milei: extranjerizar la renta, profundizar la dependencia y convertir Vaca Muerta en una suerte de “Texas del Sur” al servicio de las necesidades geopolíticas y energéticas de Estados Unidos.

 

El desembarco de Continental y la lógica de la extranjerización

Continental Resources no es una empresa cualquiera. Es una de las independientes más relevantes del shale estadounidense, con una producción diaria que ronda los 500.000 barriles de petróleo equivalente y más de 5.200 pozos operados en la cuenca de Bakken, en Dakota del Norte. Su fundador, Harold Hamm, es un militante de la “independencia energética” de Estados Unidos que construyó su fortuna a base de fracking y que ahora mira hacia el sur.

“En 5 a 10 años, la producción de EE.UU. se va a estabilizar o declinar y ese gap va a ser cubierto por Vaca Muerta”, declaró Doug Lawler, CEO de Continental, hace apenas dos meses en el CERAWeek de Houston, el “Super Bowl” de la energía que reúne a los grandes actores del sector. No se trataba de una especulación. Era el anuncio de un plan en marcha.

El ingreso de Continental se suma a una tendencia que el Observatorio de Energía de EJES viene señalando con claridad: la producción de Vaca Muerta crece a velocidad impactante, pero los dólares que genera no se quedan en el país. El informe “Coyuntura Hidrocarburífera” de diciembre 2025 es lapidario: entre enero y octubre de 2025, el sector energético generó un superávit comercial de 4.792 millones de dólares. Sin embargo, dos tercios de ese saldo favorable —3.222 millones de dólares— se perdieron por mecanismos financieros: pago de intereses al exterior, giro de utilidades de empresas extranjeras y, sobre todo, endeudamiento intrafirma.

¿Qué significa “endeudamiento intrafirma”? Básicamente, empresas que se deben dinero a sí mismas. Dos de cada tres dólares de la nueva deuda externa del sector energético bajo la gestión Milei corresponden a préstamos que las casas matrices se otorgan a sí mismas a través de sus filiales argentinas. Una maniobra contable que no trae un solo pozo nuevo, pero que garantiza la remesa de divisas al exterior sin ningún control. Según EJES, la deuda intrafirma creció 62% en dólares desde que gobierna Milei, mientras la deuda por obligaciones negociables lo hizo en un 29%.

El resultado neto de esta operatoria es escandaloso: la economía real argentina generó en los primeros dos años del gobierno de Milei un saldo comercial de 43.000 millones de dólares, pero la economía financiera consumió 55.000 millones. Ese agujero se tapó con endeudamiento. Y el sector energético fue el principal proveedor de esa deuda.

La entrada de Continental no es un hecho aislado. Es un engranaje más de una máquina que extrae el recurso, lo exporta, dolariza la ganancia y la fuga. El Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) —impulsado por el gobierno nacional y celebrado por las provincias— garantiza estabilidad fiscal, exenciones impositivas y facilidades cambiarias para estas empresas. ¿La contrapartida? Mínima. El empleo directo en el sector petrolero ronda apenas los 60.000 puestos, con una tasa de feminización del 9% (frente al 34% del resto de la economía). La producción crece, la renta se fuga, y los puestos de trabajo de calidad no aparecen.

Mientras tanto, los argentinos seguimos pagando la energía más cara de la región y viendo cómo el gasoil y la nafta aumentan mes a mes. Hablando de eso…

 

Guerra, aumento del barril y nafta más cara

La semana pasada, YPF aumentó los combustibles un 1% y extendió el “buffer” de 45 días para ajustar precios. La excusa oficial es la habitual: traslado a los precios internos de la evolución del costo del crudo y el tipo de cambio. Pero lo que la empresa no dice es que ese aumento del crudo no es un fenómeno climático o de mercado. Es producto de la guerra que Estados Unidos e Israel iniciaron en Irán, que disparó el precio internacional del petróleo y, con él, las ganancias de las petroleras.

El boletín de abril de EJES es contundente: “Vaca Muerta comenzó 2026 a paso firme, pero el ritmo de crecimiento no era especialmente descollante hasta que estalló la guerra. Sin datos oficiales aún, las consultoras privadas señalan un fuerte incremento de las perforaciones vinculado a la elevación del precio internacional del barril”. Es decir: la guerra le hizo el favor a las petroleras.

¿Y quiénes son las principales beneficiarias? Las mismas que están detrás del desembarco de Continental. Según el informe de EJES de diciembre, apenas cinco empresas concentran el 80% de la producción no convencional de crudo. En las exportaciones, Vista encabeza el ranking con el 24% de las ventas externas, seguida por YPF (19%), PAE (10%), Shell (10%) y Chevron (8%). Vista, vale recordar, es la empresa que absorbió las operaciones de la malaya PETRONAS y que hoy es socia de YPF en La Amarga Chica, el área que se convirtió en la mayor productora de crudo no convencional del país, superando a la histórica Loma Campana.

Estas empresas facturan en dólares, se endeudan con sus propias casas matrices y fugan divisas al exterior. Mientras tanto, los argentinos —especialmente los que viven en el interior, donde el gasoil es indispensable para el transporte de cargas y la producción— pagan cada vez más cara la nafta. El aumento del 1% es solo el último eslabón de una cadena que viene desde 2024: según datos de la Secretaría de Energía, el precio de los combustibles en la Argentina aumentó más del 300% desde el inicio del gobierno de Milei, muy por encima de la inflación promedio y de la evolución de los salarios.

El contraste no puede ser más cruel. Las petroleras —extranjeras en su mayoría, o argentinas pero asociadas a las extranjeras— se llenan los bolsillos con la renta de un recurso que es de todos los argentinos. Y cuando el precio del barril sube por una guerra que no generamos y de la que no somos parte, la nafta en las estaciones de servicio se encarece al día siguiente. Pero cuando el barril baja, los precios internos tardan meses en reflejarlo, si es que lo hacen. El “buffer” de 45 días es una cláusula que siempre opera en contra del consumidor.

 

Hacia una política energética soberana

Este modelo no es una fatalidad. Es una decisión política. Y como tal, puede ser revertida.

Una política energética soberana no se construye con discursos ni con fallos judiciales favorables en Nueva York. Se construye con hechos concretos. Y los hechos concretos son:

  1. Recuperar el control estatal sobre toda la cadena de valor. La YPF de Mosconi no era una empresa más: era una corporación integrada verticalmente que exploraba, producía, refinaba, transportaba y comercializaba. Eso es soberanía. La YPF actual es una rueda de auxilio de las privadas y un vehículo para la extranjerización de la renta.
  2. Poner fin a la deuda intrafirma como mecanismo de fuga. Es una vergüenza que dos de cada tres dólares de la nueva deuda del sector energético sean préstamos que las empresas se hacen a sí mismas para sacar divisas del país. Eso debe ser tipificado como ilícito cambiario.
  3. Industrializar el gas y el petróleo, no solo exportarlo. El camino no es convertirnos en un Texas del Sur que exporta crudo barato y gas a granel. El camino es usar ese gas y ese petróleo para desarrollar petroquímica, fertilizantes, GNL con valor agregado y, sobre todo, para abaratar la energía de los argentinos.
  4. Derogar el RIGI y cualquier régimen de promoción que tenga como único efecto garantizar rentabilidades extraordinarias a las corporaciones extranjeras. El RIGI no es una herramienta que pueda "corregirse". Es la consagración legal del saqueo: estabilidad fiscal eterna, exenciones impositivas y libertad cambiaria para que la renta se fugue sin dejar nada atrás. Su único propósito es acrecentar la extranjerización de la matriz productiva y profundizar la dependencia económica. No hay contraprestación que lo vuelva aceptable.

La entrada de Continental Resources no es el problema en sí mismo. Es el síntoma de un modelo que concibe a la Argentina como un apéndice energético de Estados Unidos. Mientras no tengamos una política soberana que ponga la renta energética al servicio del desarrollo nacional, y mientras el RIGI y sus primos sigan en pie, cada nuevo pozo será una nueva hipoteca, cada nuevo barril exportado será un barril de independencia que perdemos y cada aumento de nafta será el recordatorio de que la riqueza del subsuelo no la disfruta el pueblo que la posee, sino las corporaciones que la saquean con la complicidad de una ley hecha a su medida.

Esa es la tarea. No menor. Y no admite neutralidad.

Mariano Luna

Mariano Luna es licenciado en comunicación social de la Universidad Nacional de la Patagonia (UNP). Ha colaborado en medios patagónicos en materia energética. 

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