Fin de fantasÃa y las sobras del fracaso
22 de abril de 2023
Alberto Fernández fue ungido por twitter como candidato a presidente y por twitter dejó la fantasÃa de reelección a la que se abrazaba como talismán que lo evadÃa de la realidad plagada de injusticias en la que vive la mayorÃa. Un canÃbal desdentado, enseñando a masticar, se comió las sobras de su fracaso. Y a pesar de todo, ahà sigue el abismo.
Alberto Fernández asumió la presidencia el 10 de diciembre de 2019 con la promesa de recomponer salarios y jubilaciones. Además, el Frente de Todos había trazado una hoja de ruta clara y concreta durante la campaña. Avisaba que desmantelaría la “estafa de las leliq” (Fernandez candidato dixit) y con esa plata que iba hacia los Bancos, iniciaria un ciclo de reparación de ingresos para las mayorías.
Mucho antes que la pandemia empezara a utilizarse como excusa para cualquier turrada, o para legitimar la transferencia brutal de recursos a la rentabilidad de un puñado de grupos económicos, el gobierno ya había triplicado el stock de Leliq, para justificar ante los bancos la reducción de la tasa de interés que se le pagaban. En criollo, los bancos seguían ganando y el instrumento de las leliq seguía intacto.
La foto del cierre del gobierno nos muestra que por año la Argentina le paga más plata a los bancos por intereses de Leliq, que toda la plata destinada al pago de jubilaciones. El stock de letras en manos de las entidades financieras se sigue multiplicando y la tasa de interés que se le paga, está cerca de alcanzar el record del macrismo.
Las jubilaciones, por el piso. Y mas allá de las estadística, nuestros viejos cuentan las monedas y dejan cosas en la caja del supermercado al día 15 de cada mes.
Hoy, desde el oportunismo, algunos alzan la voz contra las consecuencias del proyecto político que aplaudían en el arranque de un gobierno que hizo todo lo contrario para lo que fue votado, desde mucho antes de encontrar en la pandemia, la guerra en Ucrania y la sequía, la excusa perfecta para justificar que los ricos se hagan cada día más ricos y los pobres, cada vez más pobres.
Antes de la pandemia, también, el consenso en la alianza gobernante empujó la agenda de la reestructuración de la criminal deuda contraída por Mauricio Macri con un puñado de saqueadores financieros internacionales (BlackRock, Templeton, etc). Una negociación en la que Argentina terminó perdiendo por goleada, y aún así, se celebraba como una victoria.
Los que hoy cuestionan el acuerdo con el FMI, celebraban la reestructuración con los privados, aunque sabían muy bien que esa negociación era tutelada por el Fondo Monetario Internacional y con el único fin de avanzar, luego, en la reestructuración de una estafa impagable que coronara Martín Guzmán con el organismo multilateral de crédito.
La pandemia utilizada como excusa para cualquier cosa, la sandez autoexclamada de que “las vacunas nos van a hacer ganar la elección”, fueron el escondite perfecto para los que, apenas se les desdibujó un resultado electoral, comenzaron la tarea de encorsetar las responsabilidades de un fracaso histórico, en un único responsable.
Y así fue, como un caníbal desdentado, enseñando a masticar, se comió a Alberto Fernandez, sazonado en las críticas condiciones en que nos deja la brutal dependencia económica y subordinación política, a la que abonó, o aplaudió, el conjunto de la alianza gobernante.
Las sobras de lo que nunca fue
Y Alberto, que llegó proclamado por twitter, renunció por twitter a su propia fantasía de ser reelecto. La ambición de un nuevo mandato fue el tufo narcotizante que acompañaba su extravío de la realidad.
Dejará un país como el que recibió de Mauricio Macri. Con sus resortes económicos en manos extranjeras, con postales de una injusticia social trágica y con una inocultable subordinación política a los intereses norteamericanos que se evidencia en que para tomar mínimas decisiones, Sergio Massa las consulta gustoso en Washington, donde aprovecha para que le respalden su liderazgo político a pesar de las inevitables consecuencias económicas que se avecinan.
Esta semana se aceleró la devaluación de la cotización oficial del dólar. Se dispararon abruptamente las cotizaciones ilegales y las que sirven para la fuga de capitales de los grupos económicos (contado con Liqui). Y el riesgo país (que lo digitan los gigantes financieros yanquis) tuvo una baja en medio de un descontrol económico que está vaciando las reservas y provocando un quebranto diario con la estafa del “dólar soja”.
¿Pero cómo es? ¿Sube el dólar, Argentina pierde reserva y el riesgo país baja? Y sí, señal que la devaluación no es producto de la ineficacia de Massa, sino de una decisión tomada en el extranjero, que licúa salarios y costo de insumos locales, dispara la inflación y deteriora jubilaciones, pero asegura rentabilidad en algunos balances. Bonos baratos en el mercado y descontrol financiero que sólo repercute en rentabilidad para unos pocos.
Lo único que le falta a Massa es encontrar un responsable a quien endilgarle las dramáticas consecuencias que traerá aparejada en el corto tiempo su gestión de la economía. Alguien que le permita despegarse de este fracaso y mantener vigente, en un futuro, su vocación presidencial.
Un cadaver político que le permita mantener indemne su liderazgo sobre una generación de dirigentes que se sienten más cómodos hablando con gerentes, que poniendole el oído a su pueblo. Dirigentes en distintos rincones de la alianza gobernante, que buscan respaldos en la cámara de comercio de Estados Unidos o Israel, antes que apostar por la organización de nuestra comunidad.
Alberto, que sueña con que el futuro lo recuerde como el héroe del cuento de fantasía que protagoniza en su imaginación, es apenas la sobra de lo que nunca fue.
Es quien tiene todos los números para asumir la responsabilidad por las consecuencias de la crisis que se avecina. Un abismo invevitable cuya profundidad aún siquiera se percibe. En soledad, y señalado como único culpable por los socios de una alianza gobernante que levantó la voz cuando los números no le daban, y demandó la lapicera, apenas, para anotar sus propios nombres en una lista.
Paradojas
Una corrida cambiaria que acelera precios y deteriora salarios, se metió en el medio de lo que resulta importante para la clase política: las candidaturas.
Los candidatos de la alianza Cambiemos tuvieron su desfile de desencuentros en el exclusivo hotel Llao Llao, ahí donde una parte del poder económico que conduce Eduardo Elsztain se reúne para exhibirle a la política su necesidad de obtener respuestas.
Milei, Bullrich, Vidal y Rodriguez Larreta expusieron ante los empresarios. Dolarización, órden, contracción del gasto público, achicamiento del Estado, privatizaciones y reformas laborales se empujaban para poner en dimensión el tamaño de nuestras pesadillas.
Ninguna de las propuestas de gobierno de los candidatos de Cambiemos pueden lograr materializarse sin que antes se produzca una crisis económica severa y una convulsión social importante. Las barbaridades de Milei, las estupideces de Bullrich y la propuesta neoliberal clásica de Larreta, asumen que una devaluación brusca y una inflación descontrolada, hagan su trabajo antes que ellos tomen drásticas decisiones para el destino del país.
En el Frente de Todos, la renuncia reeleccionista de Alberto Fernández, que antes aceptó la salida de Aracre -a quien había designado por recomendación de Massa- y la eventual futura salida de Miguel Pesce, marcan el tamaño del cagazo con el que enfrentan a un mercado financiero que tiene todos los instrumentos devaluatorios en su poder.
Mientras Massa construye el obstáculo contra el que choque Alberto Fernandez para dejarlo como único responsable de lo que se viene, apura soluciones que recuerdan el blindaje financiero al que apostó Cavallo unos meses antes de diciembre de 2001. En ese marco, se inscribe la nueva negociación con el FMI para obtener un desembolso de dólares que financien la fuga de capitales y la dolarización de cartera de los grupos económicos antes de un ciclo complejo.
Una mecha corta que se humedece con los dedos.
Lo paradójico en el Frente de Todos son aquellos que concentran su preocupación por los lugares en una lista. Como si la suma aritmética de diputados, senadores, legisladores, concejales y etcéteras, para acumular en el tiempo que viene, tuvieran más eficacia, relación de fuerza y acumulación de poder, que haber contado durante tres años con una buena cantidad de ministerios, los organismos nacionales más relevantes y voluminosos, autoridades legislativas y la propia vicepresidencia.
Como si el problema fuera de candidatos y no el brutal consenso político que existe sobre un modelo en el que la riqueza está al servicio de las “inversiones externas”, el comercio exterior en manos extranjeras y todo con el fin de recaudar dólares para pagar la deuda externa.
Un modelo de consenso en el que se discuten matices y “derechos”, pero donde la rentabilidad en dólares repercute en salarios bajos, la extranjerización en primarización, la infraestructura en condiciones para facilitar la inversión, la legislación en seguridad jurídica y el Estado para financiar y subsidiar la rentabilidad de unos pocos.
A ese modelo económico de consenso, le sobran candidatos en todos los rincones de la pretendida grieta.
El calor de los números
Una familia con dos críos precisó 191.228 pesos para no ser pobre. Todo aquel que vive en la Argentina por debajo de esos ingresos, es el portador de las urgencias que debieran ocupar la centralidad de la agenda política. Porque además, son mayoría.
En la comunidad que le pone curitas a un tejido social que se desgarra violentamente ante cada indicador que desnuda la crisis, habitan respuestas mas eficaces a esas urgencias que las que surgen de los cónclaves en los que se discuten lugares en una lista.
Hay mucha más política afuera que adentro de los debates afiebrados que provoca una dirigencia que se presenta en sepia de cara al futuro.
Es tiempo de simplificar la política. De aferrarse a la Patria como fortaleza identiitaria para enfrentar la prepotencia con la que nos amenazan desde el extranjero. De aferrarse a la experiencia popular, a su concreción comunitaria, para encontrar las premisas para reconstruir desde abajo una economía que cruje por todos lados.
Convicciones claras y organización popular para enfrentar la crisis que se aproxima es la enorme tarea que debe afrontar la militancia, y encontrar las premisas para ofrecerle a nuestro pueblo un horizonte de esperanza.


