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Guerras, cambio climático y ecocidio


25 de julio de 2026

Los europeos se fríen bajo una ola de calor con temperaturas récord que atraviesan todo el continente. A los efectos del cambio climático en curso se le suma la incidencia de la guerra en Ucrania, creando un círculo vicioso que se retroalimenta, donde a las víctimas y la destrucción del conflicto se le suma el daño irreparable al medio ambiente. Con otra dimensión, los ataques de EEUU e Israel contra Irán producen impactos similares en los ecosistemas.

Silvio Schachter

 

Europa en el horno

La histórica ola de calor que vive Europa es solo el principio de un cambio que está en curso. extraordinaria, temible y aleccionadora la describen. La ola de calor que recorre todo el continente produce incendios récord, sequía, olas de calor intensas: desde el mar Mediterráneo hasta el Ártico, el cambio climático está transformando Europa. Este continente se calienta dos veces más rápido que la media mundial, alertó este miércoles un nuevo informe de una agencia de la ONU, que señala que Europa está batiendo en 2026 sus récords de ola de calor, en tierra y mares y de la superficie quemada por incendios.

En Bilbao, una máxima 42,7 grados, en el norte de Andalucía alcanzaron los 45 grados.  El Reino Unido batió el récord de temperatura, de 37,3 grados en el sur de Inglaterra, en Países Bajos también se alcanzó el récord nacional de temperatura para junio: 39,4 grados. Alemania batió récords durante tres días consecutivos. Las vías de tranvía Leipzig, al este del país, llegaron a fundirse; en Coschen, cerca de la frontera con Polonia, el termómetro marcó 41,7 .Un incendio forestal en Almeria, atribuido a las altas temperaturas, arraso al menos 5.000 hectáreas de bosque, causando la muerte de 20 personas y desparecidos y obligo a evacuar a 1.400 pobladores.

 Ni las noches dieron respiro a unos habitantes acostumbrados a temperaturas mucho más bajas. Las altas temperaturas obligan a suspender distintas líneas de transporte por daños en las infraestructuras, los rieles de tranvías y trenes se deforman. También superaron las máximas históricas Hungría, Austria, Dinamarca, Suiza y Francia. Asimismo, los científicos advierten de que, a medida que continúe aumentando la temperatura media, los futuros episodios de calor podrán alcanzar temperaturas aún más elevadas, seguirán calentándose inevitablemente. Alertan, “prepárense pues este tal vez sea el más fresco de los que están por venir”. No es solo que se estén rompiendo récords de temperatura, lo que impacta son los márgenes por los que se están superando los récords anteriores

Europa se funde, se derrite, se cuece a fuego lento y eso trae consecuencias que se cuentan en vidas. El calor extremo no se limita a un registro en los mercurios, sino que se traduce en peores condiciones de vida y riesgo para la salud. El cambio climático triplicó las muertes por calor en Europa. Un nuevo estudio del grupo científico World Weather Attribution reveló que “el colapso climático triplicó las muertes”. Según la Union Europea las muertes atribuibles al exceso de temperaturas fueron en 2025 de unos 60.000 fallecimientos anuales. Por eso, los científicos describen a estas olas como un “asesino silencioso”. “Un aumento de sólo dos o tres grados puede traducirse en miles de muertes”, explicó Ben Clarke, climatólogo del Imperial College de Londres. El servicio meteorológico alemán, Deutscher Wetterdienst (DWD), calificó el fenómeno como una "ola de calor digna de los libros de historia",

 Además, las temperaturas se mantuvieron muy elevadas incluso después de la puesta de sol, lo que dificulta conciliar el sueño. Nuestro cuerpo necesita temperaturas nocturnas más frescas para recuperarse del calor diurno.

 

Sin nieve ni hielo

¿Por qué Europa se calienta más que las otras regiones? En marzo de 2025, la superficie nevada en Europa fue inferior a la media en aproximadamente 1,32 millones de kilómetros cuadrados (31%), lo que equivale a la superficie combinada de Francia, Italia, Alemania, Suiza y Austria por lo cual el suelo absorbe y retiene más calor. En las regiones más septentrionales de Europa, por ejemplo, una atmósfera más cálida está derritiendo el hielo marino que antes cubría enormes extensiones del Ártico. Eso deja expuesta un área más grande de la oscura superficie del océano, que absorbe la energía del Sol y agrava el calentamiento en la parte superior del globo y sus alrededores. En esta parte del norte de Europa, compuesta por Finlandia, Suecia y Noruega, próxima al Ártico las temperaturas alcanzaron casi los 35°C en julio. El Ártico es la zona de la Tierra que más calor acumula con 0,75 ºC cada diez años.

En toda Europa, alrededor del 70% de los cursos de agua registraron caudales inferiores a la media durante 2025.El Mediterráneo occidental alcanzó temperaturas récord de hasta 27?°C en su superficie marina, con hasta 24 noches tropicales. Esto generó un fuerte estrés térmico en la población y también en los ecosistemas marinos. Cerca de dos tercios del mar experimentó olas de calor de intensidad fuerte o extrema. Estos cambios en la tierra y en el mar también están modificando la forma en que el aire se mueve. Cambian las corrientes marinas y suben la temperatura de los flujos de aire frío.

 

Las guerras, víctimas y cambio climático

“La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, para provecho de gentes que si se conocen pero que no se masacran” Paul Valéry

 Desde el inicio de la guerra en Ucrania, según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, el número de soldados muertos, heridos o desaparecidos en ambos bandos asciende ya a 1,8 millones, mientras que la cifra de civiles muertos sólo en Ucrania se aproxima a los 25.000. Casi seis millones de ucranianos han huido de su país. Además del atroz sufrimiento por las muertes, heridos, desplazados y emigrantes, la guerra en Ucrania deja una enorme huella medioambiental negativa.

Las estremecedoras imágenes de tanques devoradores de combustible, infraestructuras destruidas e incendios incontrolables han arrojado luz sobre cómo la guerra y la acción militar se han convertido en uno de los principales contaminantes del mundo, a pesar de la escasa atención que recibe este impacto.

Incide directamente en el clima a través de la emisión masiva de gases de efecto invernadero (GEI) y la destrucción de ecosistemas. Se estima que el conflicto ha enviado a la atmósfera más de 311 millones de toneladas de CO? equivalente a las emisiones anuales de más de 130 millones de automóviles. El movimiento constante de maquinaria pesada, vehículos blindados, aviones y los bombardeos continuos requieren un consumo masivo de combustibles fósiles, representando una de las mayores fuentes de emisión de carbono. Las estadísticas no consideran los valores de gases de efecto invernadero que se generan en los países de la OTAN, en la producción del armamento que fluye hacia Ucrania para sostener y alimentar la guerra, ni los fabricados en Rusia.

Los ataques a la infraestructura han provocado derrames de petróleo masivos, y la destrucción de represas han arrasado ecosistemas enteros. El conflicto alteró el suministro de gas ruso a Europa, provocando que varios países volvieran temporalmente al carbón lo cual impactó transitoriamente los compromisos de descarbonización globales.

El mayor conflicto en suelo europeo desde la segunda guerra mundial, unido al cambio climático han constituido un círculo vicioso de consecuencias devastadoras. Aunque el uso de tecnología avanzada ha cambiado las tácticas en el campo de batalla, las Fuerzas Armadas siguen dependiendo en gran medida de los combustibles fósiles para alimentar los tanques, los vehículos blindados y la creciente red logística de apoyo a las operaciones militares.

Las emisiones derivadas de las operaciones diarias de bases e instalaciones, incluyendo entrenamiento, alimentos, refrigeración y transporte son enormes, incluso antes de entrar en acción. Por otra parte, la presión de los lobbys corporativos vinculados a la fabricación de armamentos y  a los  grupos financieros asociados, agitando el tema de la inseguridad, presionan a los gobiernos de los países de la OTAN para que aumenten incesantemente el gasto militar.[1]

A modo de ejemplo, un caza Lockheed Martin F-35 Lightning II, consume aproximadamente entre 5.600 y 6.500 litros de queroseno durante un ejercicio o  una sola misión de combate con lo cual emite entre 14 y 17 toneladas de dióxido de carbono.

La magnitud total de los daños climáticos no se conocerá hasta después de una guerra que no tiene fecha de finalización.

 

La guerra contra Irán

Una consecuencia de la guerra de EEUU contra  Irán iniciada en febrero, Israel comenzó su principal ofensiva en junio de 2025,  como producto de los ataques contra depósitos de petróleo, refinerías e instalaciones energéticas, se  provocaron grandes incendios que liberaron  dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno, partículas finas (PM2,5), hidrocarburos y otros compuestos tóxicos. Esto deterioró gravemente la calidad del aire y aumentó el riesgo de enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Es la llamada lluvia negra tóxica que ha caído sobre Teherán.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha alertado sobre los riesgos que esta lluvia negra puede tener en la salud de las personas, especialmente para los colectivos más vulnerables. A los síntomas a corto plazo como dolores de cabeza, irritación ocultar o dificultades respiratorias se suma un significativo aumento del riesgo de padecer o de que se vean agravadas enfermedades cardiovasculares o el cáncer.

Esto ha llevado a la Sociedad de la Medialuna Roja de Irán a emitir órdenes de confinamiento masivo para evitar la asfixia urbana. La contaminación también afecta directamente a la naturaleza sobre la que cae esta lluvia negra.

El abastecimiento de agua y energía también se está viendo alterado, 100 millones de personas dependen de 450 plantas desalinizadoras, que pueden sufrir perjuicios por contaminación por derrames de petróleo o descargas de químicos industriales, como pasó en la planta de la isla de Qeshm, en el estrecho de Ormuz, que dejó a 30 aldeas sin suministro. La isla está incluida en la red global de geoparques apoyada por la Unesco. Los derrames de combustibles y los residuos de explosivos se filtran y contaminan el suelo y las aguas subterráneas afectando a la agricultura durante años.

 

La guerra contra la naturaleza.

La guerra ha producido enormes daños a la naturaleza, incendios forestales incontrolados y los bombardeos sobre refinerías o depósitos de combustible liberan toneladas de toxinas y carbono a la atmósfera. Más de 3 millones de hectáreas de bosque han sido destruidas, mermando la capacidad natural de absorción de carbono.

Los daños a los suelos fértiles de Ucrania, el granero de Europa, están afectando la seguridad alimentaria global.  Ucrania era antes de la guerra, el primer exportador de aceite de girasol, el tercero de maíz y el quinto exportador de trigo. La erosión afecta al 40% de su suelo

Las condiciones inusualmente calurosas y secas, intensificadas por el calentamiento global, convirtieron incluso las pequeñas chispas del combate en incendios incontrolables, ya que la lucha contra el fuego se vuelve difícil o imposible.

Ucrania alberga un tercio de la biodiversidad europea. Pero la guerra ha aumentado la presión sobre más de un millar de especies amenazadas de animales, plantas y hongos.

Por lo tanto, el costo ambiental de la guerra es tanto inmediato como acumulativo, destruyendo ecosistemas hoy y debilitando la capacidad de las sociedades para afrontar el calor, la sequía, las inundaciones y la pérdida de cosechas en el futuro.

Los ataques estadounidenses e israelíes en Irán están teniendo principalmente un objetivo claro las infraestructuras de los combustibles fósiles. Distintos organismos y colectivos ecologistas, como es el caso de Greenpeace, han alertado de las consecuencias que este conflicto puede provocar en el medioambiente.

Como el resto del mundo, la organización internacional mira hacia el estrecho de Ormuz, donde su cierre ha provocado que decenas de buques petroleros hayan quedado atrapados en el golfo Pérsico. Esto aumenta considerablemente el riesgo de un derrame de petróleo, afectando  el  hábitat marino de Irán. Las comunidades locales serían las primeras en pagar ese precio a largo plazo, ya que cualquier derrame amenaza sus medios de subsistencia, así como a los frágiles ecosistemas marinos, incluidos los arrecifes de coral, los manglares y las praderas marinas.

Según la OMS el 60% de las enfermedades conocidas y el 75% de las nuevas enfermedades infecciosas son zoonóticas, lo que constituye un claro indicador de las consecuencias de la  alteración y pérdida de los ecosistemas, fenómenos que se aceleran por efectos de la guerra.

Todos estos  nefastos resultados no son nuevos; millones de litros de herbicidas, Agente Naranja, fueron rociados por las fuerzas estadounidenses durante la guerra de Vietnam sobre bosques y manglares, lo que provocó una deforestación masiva y la pérdida de tierras fértiles, además de producir enfermedades crónicas y cáncer. Durante la guerra del Golfo, La contaminación por uranio empobrecido y otros residuos tóxicos en Irak o las llamas en los pozos petroleros de Kuwait fueron los daños colaterales, que no se quisieron tomar en cuenta. Pero ahora los efectos en el medio ambiente de las guerras en curso se agravan por la relación con el cambio climático que potencia sus consecuencias.

El medioambiente sigue sufriendo las consecuencias de conflictos cuyos verdaderos perdedores son siempre los mismos: las comunidades locales que después tienen que reconstruir una naturaleza reducida a cenizas o contaminada por décadas y los ecosistemas planetarios cada vez más sensibles a los impactos de la actividad humana, entre ellas las siniestras guerras, que produce cambios en su estado a una velocidad que supera todas las predicciones científicas. Si seguimos naturalizando el daño el final no es una posibilidad, es una certidumbre.

 


[1] Según los datos más recientes del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI)  los principales fabricantes de armas en el mundo son Estados Unidos 42%, Francia 9,8%, Alemania 5,7%. Los miembros de la OTAN aumentaron en cinco años un 143% el presupuesto en armamentos. EEUU provee el 58% de todas las armas importadas por los miembros europeos de la OTAN. Ucrania paso de tener el 0,1 % de todo el gasto mundial en armamento  antes de la invasión rusa a tener el 9,8 % del total

Un rasgo de la etapa de capitalismo globalizado es el vínculo de los grandes fondos de inversión que operan en la industria militar como accionistas mayoritarios, inyectando el capital que financia la producción masiva de armamento. Firmas de gestión de activos globales como BlackRock, Vanguard y State Street controlan porcentajes decisivos de las corporaciones militares más grandes del mundo.

 

Silvio Schachter

Silvio Schachter es arquitecto, periodista, ensayista, investigador de temáticas urbanas. Miembro del consejo de redacción de Herramienta

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