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La 10


05 de septiembre de 2026

La camiseta número 10 en la Argentina es sagrada y pura tradición. El sueño de miles de pibes y pibas que juegan al futbol aspiran a convertirse en el próximo gran “10”.

Diego Arturo

Argentina siempre ha producido grandes figuras como Kempes, Maradona y Messi, por lo que debe confiarse en que surgirá un nuevo heredero. La 10 no debe retirarse, sino mantenerse como símbolo de esa continuidad futbolística.

Argentina es, fue y va a ser el país con los mejores 10 de la historia del fútbol. La mayoría de los argentinos que van a jugar afuera piden usar la 10, aunque ni siquiera jueguen de ese puesto, porque es un número para nosotros.

Lo hermoso de esta tierra es que el nuevo talento puede salir de cualquier rincón del país y no lo sabemos. Hoy, sea en la ciudad, el campo, el norte, el sur, la playa o la montaña, hay un pibe que será el sucesor y entrena cada día con ese sueño. Si deciden retirarla, le estás cortando esa ilusión. Es más, hay que hacer lo opuesto: hay que gritarlo más fuerte que nunca.

La camiseta número 10 en Argentina no es un dorsal, es un credo. Desde que un pibe agarra una pelota en la calle, ya sea de trapo o de cuero, sueña con ser el 10 de la selección. No importa si juega de enganche, delantero o hasta de arquero: ese número pesa más que cualquier otro. Es el que usa el mejor jugador del equipo.

Si le sacas el número 10, le sacas el motor de esa ilusión. La 10 tiene que seguir rodando para que otro pibe tenga la chance de escribir su propia historia. Eso no es falta de respeto, es confianza en nuestra tierra. Argentina es tierra de cracks, y eso no se hereda, se construye todos los días en los clubes de barrio.

Porque la 10 no es de nadie, es de todos los que la sudaron. Arrancó con Mario Alberto Kempes, “el Matador”, que en el Mundial 78 clavó seis goles, se llevó el Botín de Oro y levantó la primera Copa para Argentina.

Después, en el 82, ya con la 10, siguió dejando huella. Pero el que la eternizó fue Diego Armando Maradona: con ella ganó el Mundial 86, fue finalista en el 90, y en Nápoli conquistó dos Scudettos, una Copa UEFA y una Copa Italia. Diez fue su religión.

Y entonces, llegó Messi para romper cualquier estadística: ocho Balones de Oro, el Mundial de Qatar 2022, dos Copas América, una Finalissima, cuatro Champions y doce Ligas.

Además de ellos que ganaron el trofeo máximo con la selección, no nos podemos olvidar de Pedernera, Moreno, Labruna, Sivori, Grillo, Corbattta, Rojitas, Pastoriza, Ricardo Bochini, Alonso, Bichi Borghi y el Beto Marcico, entre otros muchos.

Luego vino Juan Román Riquelme, pausa y magia: tres Libertadores (2000, 2001 y 2007), la Intercontinental del 2000 y el oro olímpico en Pekín 2008. Pablo Aimar, la fineza absoluta, ganó dos Ligas con Valencia, una Copa UEFA y múltiples títulos con River. Y ni hablar de Ariel Ortega, que con la 10 también brilló en River y la selección. Cada uno, a su modo, demostró que la 10 admite distintos dialectos de genialidad.

Pero acá va el dato clave: suma todos los títulos de esos 10 y vas a ver que la camiseta siempre dio frutos. Retirarla sería ignorar que el próximo ya la tiene en la espalda, salió del pueblo y está jugando en nuestra patria, a pasar que falten algunas generaciones.

Así que no, la 10 no se retira. Se hereda, se gana y se defiende.

Diego Arturo

Diego Hernán Arturo es comunicador social, socio fundador de la cooperativa EME contenidos, militante político y de la economía social.

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