infoNativa

La fragilidad que nos humaniza


26 de septiembre de 2026

La discapacidad, la dignidad y una pregunta por la sociedad que estamos construyendo: ¿Por qué es importante responder sin demora a la emergencia que viven las personas con discapacidad? El Área de Discapacidad Comisión Episcopal de Pastoral Social y una nota sobre una realidad doloras e inocultable.

InfoNativa

¿Por qué es importante responder sin demora a la emergencia que viven las personas con discapacidad?

Porque para las personas con discapacidad y sus familias está en juego la posibilidad de sostener tratamientos, terapias, apoyos y condiciones básicas que hacen posible su vida cotidiana. Estas prestaciones dependen de mecanismos de protección y financiamiento que involucran al Estado y, a través de él, al conjunto de la sociedad. Instamos a los legisladores y funcionarios a comprender que la dilación administrativa para una persona con discapacidad no representa un tiempo neutro.

La discapacidad no puede ser mirada como un problema que concierne solamente a quienes viven esta realidad y a sus familias. Nos plantea una pregunta más profunda acerca del tipo de sociedad que queremos construir.

No podemos pensar que la respuesta a esta pregunta quede librada a las posibilidades económicas de cada familia. Cuando el acceso a los apoyos necesarios depende únicamente de los recursos individuales, corremos el riesgo de que la dignidad y los derechos de las personas queden condicionados por su capacidad económica.

Es necesario recordar, además, que la fragilidad no es una experiencia que pertenezca a “otros”: forma parte de la condición humana. Todos, en distintos momentos de nuestra vida, podemos necesitar de los demás. La enfermedad, la discapacidad, la vejez o cualquier otra circunstancia pueden colocarnos, temporal o permanentemente, en una situación de mayor fragilidad.

Un gesto que nos invita a mirar de otro modo

En este contexto adquiere un significado particular la próxima visita del Papa León XIV a la Argentina y, especialmente, su decisión de visitar el Pequeño Cottolengo Don Orione, en Claypole. No se trata de un hecho casual, sino de un gesto de profundo contenido simbólico: el Papa elige que uno de los primeros lugares de su visita sea una casa donde viven y son acompañadas personas con discapacidad.

De este modo el Papa León XIV nos recuerda que cada vida posee una dignidad única e irrenunciable. Su presencia allí constituye, así, un reconocimiento del valor de estas personas, de sus historias y de su aporte a la comunidad. También como una invitación a revisar nuestra manera de mirar la fragilidad y a preguntarnos qué lugar ocupan en nuestra sociedad quienes necesitan especialmente del cuidado y del acompañamiento de los demás.

En Magnifica Humanitas, León XIV expresa esta perspectiva con claridad:

“Todo lo que representa un límite –incapacidad, enfermedad, ancianidad, sufrimiento, vulnerabilidad– tiende a ser leído principalmente como un defecto que hay que corregir. Debemos recordar que el ser humano no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite. Es precisamente en nuestro ser limitados donde encuentran lugar la compasión, la sincera preocupación ante las necesidades de los demás, la generosidad y el encuentro verdadero” (MH, 118-119).

La fragilidad, entonces, no puede ser considerada únicamente como una carencia que debe ser compensada. También puede convertirse en una oportunidad para humanizar nuestros vínculos, fortalecer la solidaridad y reconocer que necesitamos unos de otros.

Una cuestión que interpela las decisiones públicas

Esta mirada adquiere especial relevancia frente a las decisiones que actualmente se encuentran en debate.

En el proyecto de Ley de Presupuesto 2027 enviado por el Poder Ejecutivo al Congreso se propone derogar normativas centrales de la Ley de Emergencia en Discapacidad (Ley 27.793). Advertimos que pretender eliminar la cobertura médica obligatoria, fragmentar los aranceles únicos que universalizan el sistema o restringir el acceso a pensiones no constituye un simple ajuste fiscal, sino un desamparo ético intolerable.

Frente a la fragilidad, la respuesta del Estado no debe reducirse a una ecuación matemática. Detrás de cada terapia, tratamiento o insumo médico existe una persona real con un proyecto de vida, dolores y esperanzas. El presupuesto público debe erigirse como una herramienta para el desarrollo humano, nunca como un fin en sí mismo. Evaluar la discapacidad únicamente desde una métrica financiera es una práctica de deshumanización que degrada la dignidad de la vida.

Los recursos públicos son limitados y requieren decisiones responsables. Esas decisiones tienen una dimensión humana y social a ser considerada y requiere, especialmente, escuchar la voz de las propias personas con discapacidad, de sus familias, de los profesionales y de las instituciones que cotidianamente sostienen esta realidad.

Una pregunta que queda abierta

Quizás la próxima visita de León XIV y, especialmente, su paso por el Pequeño Cottolengo Don Orione, pueda ayudarnos a mirar esta realidad desde otro lugar.

Su presencia allí nos recuerda algo elemental: una sociedad verdaderamente humana no se define solamente por su capacidad de generar riqueza, crecimiento o eficiencia; también se mide por el lugar que sabe brindar a quienes más necesitan del cuidado, del acompañamiento y de la solidaridad de los demás.

En este tiempo en que el Congreso de la Nación debate decisiones que tendrán consecuencias sobre la vida de las personas con discapacidad y sus familias, aquella visita puede convertirse en una oportunidad para hacernos una pregunta que trasciende cualquier coyuntura:

¿Qué sociedad estamos construyendo cuando quienes más necesitan de los demás quedan al margen?

La respuesta no corresponde solamente a quienes viven la discapacidad, a sus familias o a las instituciones que los acompañan. Nos involucra a todos.

 

InfoNativa

Compartir esta nota en