La OMS alerta: el cáncer podrÃa llegar a 35 millones de nuevos casos anuales en 2050
25 de julio de 2026
El organismo recomienda reforzar la prevención, acelerar el diagnóstico y garantizar un acceso equitativo a los tratamientos.
El cáncer no espera a que un país ordene sus cuentas, consiga especialistas o reponga los medicamentos que faltan. Tampoco pregunta si una familia puede pagar un traslado, abandonar temporalmente un trabajo o sostener meses de tratamiento. Avanza. Y, según las últimas proyecciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), podría hacerlo a una velocidad difícil de disimular: los nuevos casos anuales pasarían de 20,6 millones a casi 35 millones para 2050.
La Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes accedió al Informe Global sobre el Estado del Cáncer 2026, elaborado por la OMS junto con la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer. El documento advierte que la enfermedad provoca cerca de diez millones de muertes por año: más de 26 mil cada día.
El cáncer ya es la segunda causa de muerte a nivel mundial, detrás de las enfermedades cardiovasculares. Pero el informe no se limita a contar tumores. También muestra algo más incómodo: las posibilidades de recibir un diagnóstico temprano, acceder a un tratamiento y sobrevivir todavía dependen demasiado del lugar donde una persona nace y del dinero que tiene.
Las diferencias son difíciles de explicar sin hablar de desigualdad. En los países de ingresos altos, alrededor del 87 por ciento de las mujeres con cáncer de mama continúa con vida cinco años después del diagnóstico. En los países de ingresos bajos, esa proporción cae al 42 por ciento. No se trata de dos enfermedades distintas. Es el mismo cáncer, enfrentado con mamografías, especialistas, medicamentos y sistemas sanitarios profundamente desiguales.
Menos de uno de cada tres países incluye actualmente una atención oncológica completa dentro de sus paquetes de cobertura universal. La disponibilidad de veinte medicamentos considerados prioritarios oscila entre apenas el 9 y el 54 por ciento en los países de ingresos bajos y medios-bajos. En las naciones más ricas, se ubica entre el 68 y el 94 por ciento. Es decir, la ciencia puede desarrollar una terapia extraordinaria. Si no llega al paciente, sigue siendo una extraordinaria noticia de laboratorio.
La geografía global también muestra contrastes. Asia concentró en 2024 más de la mitad de los casos y de las muertes, en buena medida por el tamaño de su población. Europa, con alrededor del 9 por ciento de los habitantes del planeta, reunió el 21 por ciento de los diagnósticos y el 20 por ciento de las muertes. En varios países de África y algunas zonas de Asia se registran menos casos, pero una mortalidad proporcionalmente mayor. La explicación incluye diagnósticos tardíos, menor acceso a tratamientos y sistemas sanitarios con recursos limitados.
Casos potencialmente prevenibles
El informe estima que casi el 40 por ciento de los casos de cáncer en el mundo se relaciona con factores de riesgo que podrían modificarse o evitarse. Entre ellos aparecen el consumo de tabaco y alcohol, la inactividad física, el exceso de peso y la contaminación del aire. También figuran infecciones capaces de favorecer el desarrollo de tumores, como el virus del papiloma humano, las hepatitis B y C y la bacteria Helicobacter pylori.
El cáncer de pulmón continúa siendo la principal causa de muerte oncológica. En los hombres, los tumores de pulmón, próstata y colorrectales se encuentran entre los más frecuentes. En las mujeres, una parte importante de la carga corresponde a los cánceres de mama, pulmón y colorrectal.
Hablar de prevención, sin embargo, no significa responsabilizar al paciente. Una persona puede no fumar, hacer ejercicio, alimentarse de manera saludable y desarrollar igualmente un tumor. La genética, la edad, las exposiciones laborales y numerosos mecanismos biológicos también influyen.
Además, varias decisiones supuestamente individuales dependen del entorno. No todos pueden comprar los mismos alimentos, vivir lejos de la contaminación, acceder a una vacuna o realizarse estudios preventivos a tiempo. La prevención exige hábitos, pero también políticas públicas.
El informe reconoce progresos importantes. El consumo de tabaco disminuyó un 27 por ciento desde 2010, una reducción que contribuyó a bajar los casos y las muertes por cáncer de pulmón en algunas regiones. La ampliación de las vacunas y las mejoras en agua, saneamiento y control de infecciones también ayudaron a reducir ciertos tumores asociados con agentes infecciosos. Además, el 82 por ciento de los países cuenta actualmente con un plan nacional de control del cáncer. En 2010, esa proporción era del 50 por ciento.
La investigación también creció. La cantidad de ensayos clínicos registrados aumentó a un ritmo promedio del 7,3 por ciento anual entre 2005 y 2021. En los países de ingresos altos, los programas de detección permiten encontrar una gran proporción de los cánceres de mama en etapas tempranas y alrededor del 74 por ciento de las mujeres accedió a controles para detectar cáncer de cuello uterino.
El problema es que los avances científicos y políticos no se están convirtiendo en vidas salvadas con la velocidad necesaria. Existen vacunas capaces de prevenir infecciones relacionadas con tumores, pruebas para detectar lesiones antes de que produzcan síntomas y tratamientos que hace pocos años parecían imposibles. Pero su distribución sigue el mapa de la riqueza mundial. En suma, la innovación corre. El acceso suele llegar caminando.
Una enfermedad que también golpea el bolsillo
El cáncer no termina en la sala de oncología. La primera encuesta mundial de la OMS entre personas afectadas por la enfermedad mostró que al menos el 45 por ciento atravesó dificultades económicas. Más de la mitad informó problemas de salud mental y casi todos los cuidadores señalaron algún tipo de tensión, como agotamiento, aislamiento social o trabajo no remunerado. Un diagnóstico puede obligar a reducir horas laborales, viajar para recibir atención, pagar estudios, reorganizar el cuidado de niños o adultos mayores y depender económicamente de otros integrantes de la familia.
Por eso, la OMS propone abandonar una mirada exclusivamente médica y avanzar hacia sistemas centrados en las personas. Esto incluye integrar la atención oncológica a la cobertura universal, fortalecer la protección social y orientar la investigación hacia las necesidades reales de salud pública. No alcanza con preguntarse qué tratamiento necesita un tumor. También hay que preguntar qué necesita la persona que lo tiene para poder atravesarlo.
El aumento proyectado de los casos responde, en parte, al crecimiento y envejecimiento de la población. Si más personas llegan a edades avanzadas, habrá más posibilidades de que aparezcan enfermedades asociadas con el paso del tiempo. Pero la magnitud futura no está completamente escrita.
Reducir el tabaquismo, ampliar la vacunación, mejorar la calidad del aire, garantizar estudios preventivos y asegurar medicamentos esenciales podría evitar diagnósticos y muertes. También permitiría detectar tumores en etapas en las que las posibilidades de tratamiento son mayores.
El cáncer es una enfermedad biológica. La desigualdad con la que se lo enfrenta es una construcción política, económica y sanitaria. Para 2050, la medicina probablemente contará con herramientas más precisas. La pregunta es quién podrá utilizarlas. Con todo, el próximo gran avance contra el cáncer quizá no sea solamente descubrir un nuevo medicamento sino lograr que uno que ya existe llegue a tiempo.


