La soberanÃa argentina en la Boca Oriental del Estrecho de Magallanes
16 de mayo de 2026
Argentina es un Estado ribereño del sistema del Estrecho. Las costas de Santa Cruz y de Tierra del Fuego son los pilares fÃsicos de la boca oriental. Cuando habla de ella, se refiere a lo que está más allá del paso bioceánico bajo jurisdicción chilena.
La visita del presidente chileno José Antonio Kast a Buenos Aires en el mes de abril, pretendió instalar la imagen de hermandad y apoyo trasandino al reclamo por Malvinas. Sin embargo, la armonÃa duró lo que tardó el mandatario vecino en aterrizar nuevamente en Santiago. Los hechos posteriores, han devuelto la relación al terreno de la normal desconfianza mutua, alimentada por la influencia británica y sectores de la polÃtica chilena, que; recortando expresiones del Jefe del Servicio de HidrografÃa Naval de la Argentina, Contralmirante Hernán Montero; pretenden darles una nueva interpretación a los acuerdos binacionales entre ambos paÃses, respecto a la división limÃtrofe en la boca oriental del Estrecho de Magallanes, desde 1881 a la fecha.
En el marco de un debate sobre la vigilancia de los espacios marÃtimos, el Contralmirante Montero no hizo más que describir la realidad geográfica del paso bioceánico: “La boca del Estrecho de Magallanes es argentina”, dijo.
Sus expresiones no se limitaron a una frase aislada. Montero fue preciso al definir que el espacio que une -hacia el Este-, Punta Dungenes con Cabo VÃrgenes, es territorio nacional. El eje de su planteo fue sobre la seguridad náutica, donde argentina tiene todo el derecho de ejercer un control efectivo de lo que entra y sale del Estrecho. Si bien, hacia el Oeste de Punta Dungenes, el practicaje es administrado por Chile; poseer una presencia activa de monitoreo de un tráfico vital para nuestra seguridad nacional, es indiscutible. Más aún, teniendo al frente desde 1833; un enclave colonial británico en las Islas Malvinas.
La reacción chilena: El miedo al mapa
En Santiago, la respuesta fue inmediata. Senadores como Alejandro Kusanovic y la diputada Zandra Parisi, entre otros; calificaron los dichos del marino argentino, como una "pretensión territorial" que vulnera el Tratado de Paz y Amistad (TPA) de 1984. Y para ello se aferran a una abstracción: la lÃnea imaginaria que une Punta Dungeness con el Cabo del EspÃritu Santo. La cual, para estos intérpretes chilenos; esa lÃnea debe funcionar como un muro que borre hacia el Este, la geologÃa continental. Lo que está más allá de Dungeness, no existe. Está, pero no existe. Podes caminar por su costa y por sus acantilados, pero es solo un ensayo de la imaginación.
Tratados vs. GeologÃa: Una tensión artificial
Quienes conocemos todos los tratados y también los puntos fronterizos de la Patagonia Austral y de la Isla Grande de Tierra del Fuego, no podemos negar la existencia de sucesivos acuerdos que establecieron coordenadas y lÃneas divisorias imaginarias. Sin embargo, ellas no dejan de ser una convención entre los dos paÃses, frente a la realidad de una continuidad geomorfológica de Sudamérica que va más allá de la frontera con Chile y de la misma costa del paso bioceánico que contornea el mar argentino y se proyecta hacia el Atlántico.
Los diferentes tratados no son otra cosa que acuerdos polÃticos y diplomáticos de lÃmites, que no puede anular la realidad fÃsica. En tanto los tratados establecen protocolos de reconocimientos soberanos, como también jurisdicciones administrativas y polÃticas de una y otra nación; la geologÃa demuestra que Argentina es un Estado ribereño del sistema del Estrecho. La costa de Santa Cruz y de Tierra del Fuego son los pilares fÃsicos de esa boca oriental. Cuando Argentina habla de la "Boca Oriental", hace referencia a la continuidad del paso bioceánico, cuya definición y mención está más allá del reconocimiento permanente sobre la legitimidad de los acuerdos. No es un acto de pretensión territorial; es la calificación de lo que, con clara evidencia geológica; es la entrada de un canal marÃtimo entre dos océanos.
Esos sectores de la polÃtica y la diplomacia chilena, no deberÃan pelearse ni con la geologÃa, ni con la historia, ni con los textos de los sucesivos tratados desde 1881 en adelante. Intentar "borrar" a la Argentina de la entrada al paso bioceánico carece de fundamento polÃtico, diplomático y cientÃfico.
Malvinas y el Estrecho: La equidistancia colonial
El Estrecho de Magallanes se encuentra en el mismo paralelo de las Islas Malvinas; un asunto que no es un detalle menor. Se trata de una vÃa marÃtima utilizada principalmente por Chile y Gran Bretaña para mantener vinculaciones estratégicas, militares y económicos sobre las cuales este sector de la polÃtica trasandina no se escandaliza. Por allà navega —con bandera ilegal británica de las Falklands— el rompehielos RRS Sir David Attenborough.
La diplomacia británica es la que azuza esta pelea. Londres necesita a un Chile paranoico para que siga siendo su aliado logÃstico, militar y comercial. Solo para este 2026, las Fuerzas Armadas chilenas ya tiene pactadas 60 actividades conjuntas de defensa, con el Reino Unido. Esa es una verdadera amenaza para la soberanÃa regional, no la descripción técnica de una boca marÃtima.
Argentina no está rompiendo tratados; está nombrando la geografÃa de un sector continental e insular que le pertenece por naturaleza y que es clave para la vigilancia del Atlántico Sur.
Por su parte, “estos” de la polÃtica trasandina; deben dejar de ver fantasmas en los mapas argentinos y dar explicaciones respecto a cómo se conjuga el apoyo en los foros internacionales a favor de Argentina por Malvinas y por el otro, ser el principal socio de Gran Bretaña en América del Sur y a quien todos los años, habilitan sus puertos y aeropuertos para cientos de operaciones aéreas y marÃtimas hacia el archipiélago argentino usurpado y hacia la Antártida.
Para la Argentina, la soberanÃa de las Islas Malvinas y la seguridad del Estrecho son las dos caras de la misma moneda. Donde la necesidad de control se acrecienta, a partir de las decisiones que toman los gobernantes de Chile -no su pueblo-, al someterse al juego que le impone la Corona Británica.


