Momo en el recuerdo, en un jodido carnaval
14 de febrero de 2026
Jodida la realidad de nuestra Patria. Tan jodida que contrasta con un feriado de carnaval en el que la alegrÃa colectiva, necesaria reivindicación de un pueblo sufriente, parece desdibujarse entre tanta miseria. Aún asÃ, desde el fondo de la historia, llega Walsh con su mensaje potente.
La narración del pasado desnuda edad, destellos de nostalgia… pero también memoria.
Geloso era una marca de grabadores -y pensar que hablar de grabadores ya resulta viejo-. Un grabador a cinta. Con su Geloso en el morral y acompañado del fotógrafo Pablo Alonso, en 1966, Rodolfo Walsh llegó hasta la Provincia de Corrientes, allà donde las consecuencias de una grave inundación habÃan destrozado a las familias humildes. Allà también, donde se aprestaban otros tantos a celebrar el carnaval.
Una serie de crónicas indispensables fueron el producto de aquel viaje. Entre ellas, “Carnaval caté”. La crónica del carnaval correntino que terminó publicada en la Revista Panorama, una pieza necesaria para abordar el noble oficio del periodismo, tan sepultado debajo de la costra de operaciones y basura que producen los medios hegemónicos.
En “Carnaval caté”, Walsh se obliga a narrar las rivalidades de la comparsa de Copacabana, cuyos directivos provenÃan de la oligarquÃa local. Eran los caté, la “gente bien”. Y del otro lado, los emergentes de los sectores de la clase media nacida de profesionales y comerciantes urbanos enrolados en la comparasa “Ara Berá”. Y de manera magistral, Walsh incrusta en la crónica a los invisibles de la historia. Aquellas familias humildes “hombres vencidos, mujeres con resto de pánico en los ojos, chicos semidesnudos” que “miraban con asombro las comparsas” desde una “prudente distancia, en calles vecinas”.
Walsh nos explica que “sobre el fondo de la inundación, se celebra el carnaval más fastuoso del paÃs”.
RadiografÃa de la desigualdad, una crónica que desnuda de manera lacerante el resultado de aquella certeza que muchas décadas después, desde el otro lado de la orilla -y también en tiempos de carnaval- nos llegara desde las rimas de Tabaré Cardozo. Sucede que aquà y allá “la miseria es culpa de los hombres miserables.”
Manojos de urgencias que se entreveran con la necesaria reivinvidación de un m.otivo para la alegrÃa. En carnaval, se celebra lo que se puede y no se suturan las miserias.
Adentro y afuera. En la celebración de los carnavales, reflejo de las consecuencias de un sistema económico o ajenos al a convocatoria a ser protagonistas de un futuro por el sistema polÃtico.
En Carnaval Cate, Rodolfo Walsh narraba sobre los de adentro y los de afuera que observaban el carnaval, y relataba que “fuera de las dos mil personas que colmaban las tribunas partidarias, la actitud del grueso del público era ambivalente. Estaban allà desde temprano, se apiñaban en las veredas, aplaudÃan, pero la fiesta se les escapaba. Eran espectadores del show, no partÃcipes de una alegrÃa colectiva, como si estuvieran presenciando un partido de fútbol ente húngaros e italianos.”
Y aún asÃ, es carnaval
Tiempo para reivindicar la alegrÃa. Para reclamar la felicidad que por derecho y merecimiento colectivo nos corresponde.
A pesar de los horribles, y del tiempo de mierda.
Walsh remataba su crónica reseñando: “Contra un fondo de pobladas tribunas se deslizaba una triste murga de inundados, campesinos en ruinas, electores desengañados. El versito decÃa:
Sobre la gran fiesta
de máscara y farsa
paseó su tristeza
la agraria comparsa.”


