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Pato Bullrich y el peluquero (no) terrorista


20 de enero de 2024

Un peluquero, un profesor de ping-pong y un marginal de microcentro que dice ser un mercenario de la embajada Yanqui. Una ministra de Seguridad que le gusta vestirse de Rambo y hacer anuncios rimbombantes. Una película de la vida real donde se juegan las políticas de seguridad y las vidas de tres perejiles.

Noelia Ferrario

El Rubio es uno de los tantos personajes de la City porteña: un marginal con delirios de grandeza, de esos que conocen a todo el mundo. Un día, El Rubio se entera por un conserje del hotel Gran España que hay una reserva para un extranjero de origen Sirio-Libanes con pasaporte colombiano. Como era de esperarse, todas las antenas del falso agente de inteligencia se pusieron en alerta ante semejante información.

Momentos más tarde, con esta información dando vueltas por la cabeza, el Rubio se va a cortar el pelo. En la peluquería le cuentan que otro peluquero del lugar estaba en un aprieto porque le iban a mandar un paquete de 35 kilos desde Yemen y no quería ir a recibirlo. Claramente había una sola explicación: una red terrorista se preparaba para cometer un atentado y el Rubio tenía que evitarlo. Rápidamente, realizó una serie de llamados anónimos de advertencia, primero a la Embajada de Israel y después al 911.

El accionar de la ministra de Seguridad no se hizo esperar. Mientras detenían a los tres protagonistas de esta historia, filtró a los medios que Gendarmería en conjunto con el Ministerio de Seguridad desbarataron “una asociación criminal transnacional que se disponía a cometer un atentado en Buenos Aires” y detuvieron tres sospechosos de origen sirio-libanes llegados del exterior. Más tarde, el vocero presidencial felicitaría a la ministra en su accionar por desbaratar una célula terrorista. Esto no podía estar más lejos de la realidad.

En el curso de la investigación se demostró que el extranjero que se iba a quedar en el hotel Gran España era un profesor de ping-pong de 67 años que se mudó de Venezuela a Colombia por la crisis, y que venía a la Argentina con el objetivo de poner un gimnasio donde dar clases de tenis de mesa. El peluquero, que no es ni sirio-libanés ni extranjero y que iba a recibir el paquete con explosivos de Yemen, por su parte, era una víctima de una estafa por internet: el hombre había conocido a una mujer por internet con la cual había chateado durante varios meses, y que le dijo que le había enviado un paquete por el cual debía pagar 900 dólares. Como era de esperarse, la investigación policial descubrió que no había tal paquete.

La jueza Capuchetti determinó la falta de mérito para el procesamiento de los tres detenidos, pero aun así estipuló la prohibición de salir del país hasta que no se dé por finalizada la causa.

¿Error o Show mediático?

Un error lo comete cualquiera podría argumentar un lector que simpatice con la ministra de Seguridad, lo importante es investigar todas las amenazas. Si bien esto es cierto, hay algunas fallas con esa lógica en este caso en particular.

En primer lugar, el problema no es que se realice una investigación, sino el show mediático realizado. Cuando se trata de investigar potenciales células terroristas es clave mantener un bajo perfil, ya que dar a conocer la investigación puede hacer que toda la red vuelva a dormirse o redireccione sus esfuerzos hacia otro lado.

Evidentemente, o Bullrich sabía que se trataba de una falsa alarma, o no le importaba desbaratar realmente una red terrorista internacional como decía. De cualquier manera, lo que queda claro es que el show mediático que se realizó no fue casual, especialmente porque no es la primera vez que esto sucede bajo el comando de Bullrich del Ministerio de Seguridad.

Antecedentes

Ya bajo la gestión macrista, Patricia Bullrich tuvo un accionar similar en dos ocasiones. En 2016, anunció un megaoperativo que incluyó a varias fuerzas locales y federales para apresar a quienes después fueron conocidos como los ‘tuiteros terroristas’, dos jóvenes de origen árabe que fueron detenidos por tuitear supuestas amenazas en árabe. La investigación no encontró pruebas contra ellos y fueron puestos en libertad. Esto no impidió que la ministra redoble la apuesta declarando que “iba a ir a buscar a quien realice amenazas en sus redes sociales”.

En 2018 los hermanos Salomón, también de ascendencia árabe y oriundos de Floresta, fueron detenidos durante 22 días por una denuncia anónima realizada a la DAIA basada en una supuesta conversación escuchada en un gimnasio y un video que jamás se materializó. En la causa se incluyeron supuestos entrenamientos militares en Medio Oriente que no existieron e intentaron tomar como evidencia viajes al Líbano, donde la familia Salomón tenía parientes que visitaban cada tanto.

Los tres casos comparten varios elementos en común, causas fabricadas sin demasiado esfuerzo para que sean verosímiles, shows mediáticos con el objetivo de instalar la necesidad del accionar de las FF.AA. y fomentar el odio contra los extranjeros -puntualmente de origen árabe-, y víctimas que son liberadas por falta de pruebas, pero cuyos nombres y rostros quedan marcados por el accionar de una ministra de Seguridad que hace operaciones mediáticas con investigaciones sobre terrorismo.

Noelia Ferrario

Noelia Ferrario es periodista e historiadora. 

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