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¿Plan Andinia?


02 de mayo de 2026

David Acuña

I.

Los Protocolos de los Sabios de Sion constituyen una obra apócrifa de carácter antisemita basada en la satírica de Maurice Joly de 1864, Diálogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu. Publicados por primera vez en 1903 en el contexto de la Rusia zarista, su contenido fue concebido como una herramienta de propaganda destinada a presentar la existencia de una conspiración judía internacional, contribuyendo así a la legitimación ideológica de la persecución y los pogromos contra comunidades judías en ese período.

Con el desarrollo de la Revolución Rusa de 1917, el texto paso a ser reutilizado como instrumento político contra los bolcheviques, presentados de forma mayoritariamente como de origen judío y, por ende, ejecutores del “plan”. Esta narrativa buscaba desacreditar tanto al nuevo Estado soviético, como a toda idea de cambio social a nivel mundial.

En la Argentina, la noción de una conspiración judía orientada a apropiarse de territorios argentinos comenzó a difundirse a inicios de la década de 1960. El primer documento conocido que desarrolla esta idea data de 1962 y se trata de una pequeña publicación de carácter anónima titulada El Plan Andinia o El nuevo estado judío, que incorpora fragmentos de Los Protocolos de los Sabios de Sion.

El Plan Andinia postulaba la existencia de un proyecto de alcance global destinado a establecer un Estado Judío en la Patagonia argentina. Versiones posteriores de esta narrativa ampliaron el alcance geográfico incorporando territorios del sur de Chile en un intento por articular adhesiones de sectores nacionalistas de ambos lados de la cordillera. Esta narrativa, se reforzaba con la difusión de los escritos de Teodoro Herzl, El Estado Judío (1896), donde el líder sionista planteaba la necesidad de construir un estado nacional que albergara a los judíos europeos. En ella, se presentaba a la Patagonia como un destino alternativo a Palestina o África Oriental.

No resulta evidente que Theodor Herzl haya considerado de manera efectiva esta alternativa. En cualquier caso, las propuestas en cuestión no contemplaban la creación de un Estado judío soberano, sino más bien formas de autonomía local dentro de estructuras políticas ya existentes.

II.

Argentina es, entre los países hispanoamericanos, el principal receptor de migración judía europea. La integración exitosa de estas comunidades se evidencia en su sostenida y significativa presencia en ámbitos académicos, comunicacionales, profesionales y culturales, así como en su participación en el sector industrial, las finanzas y la política a lo largo del siglo XX y en las primeras décadas del XXI.

Este proceso se vio favorecido por la acción de instituciones de carácter homogeneizador —como la escuela pública, el servicio militar obligatorio, los clubes deportivos y el acceso amplio a espacios representativos o corporativos— que, en términos generales, operaron sin discriminación.

No obstante, determinados sectores de la derecha vernácula argentina adoptaron formas de “antisemitismo conspirativo” de influencia europea que postulaban la existencia de un plan de dominación mundial en el que confluirían, indistintamente, marxistas y capitalistas bajo el paraguas del sionismo. Bajo este prisma se interpretaron tanto la Revolución Rusa de 1917 como los posteriores movimientos de liberación social en Argentina y Sudamérica durante las décadas del 60 y 70, atribuyendo a una presunta infiltración judía y/o marxista-leninista un papel explicativo central.

Con todo, el antisemitismo no se tradujo, en términos generales, en prácticas de alcance social masivo o sistemático. En lo que respecta a la dictadura instaurada tras el Golpe de Estado de 1976, tampoco se implementaron políticas estatales explícitamente antisemitas, en tanto no se registraron restricciones o clausuras de sus instituciones. Asimismo, la vinculación entre la Junta Militar y el Estado Sionista de Israel se manifestó en los planos comercial y militar. Cabe señalar que, aunque no promovido de manera pública por las autoridades de facto, en los ámbitos represivos clandestinos se verificaron prácticas de violencia agravada contra detenidos-desaparecidos de origen o confesión judía, quienes, en el marco del terrorismo de Estado, solían ser objeto de un plus de hostigamiento.

El antisemitismo presente en sectores de las derechas argentinas a lo largo de la historia ha estado más asociado al temor frente a la irrupción y potencial desborde de los sectores populares que a una hostilidad fundada estrictamente en motivos religiosos o étnicos. La noción de “complot” operó como un recurso interpretativo eficaz, en tanto permitió construir explicaciones simplificadoras y funcionales a la legitimación de prácticas de control, represión social y construcción del enemigo interno. El Plan Andinia, en este punto, era el simplificador ideológico ideal.

III

La restauración del sufragio democrático en 1983 no implicó una ruptura con los lineamientos económicos liberales establecidos durante la gestión de José Alfredo Martínez de Hoz. La admisión y consolidación de la fraudulenta deuda externa durante el gobierno de Raúl Alfonsín dio continuidad a condicionamientos estructurales heredados del período dictatorial. A ello se sumó, el alineamiento de la política exterior con la de Washington durante las presidencias de Carlos Menem.

Este proceso encontró un punto de inflexión institucional en el Pacto de Olivos y la posterior Reforma Constitucional de 1994 en Argentina, que contribuyeron a generar las condiciones políticas para un programa de reformas estructurales de carácter privatizador y desregulador. Dichas transformaciones implicaron una profunda apertura y reconfiguración de la economía nacional bajo la dirección del capital extranjero.

Sobre este trasfondo, el avance de sectores de capital vinculados a empresas o actores identificados con el sionismo o el imperialismo anglosajón no se explica en términos de un complot de alcance global —como el Plan Andinia—, sino que responde, simplemente, a la propia lógica de expansión del capitalismo.

En consecuencia, no resulta necesario apelar a explicaciones de tipo conspirativo para comprender el carácter dependiente de la economía argentina. Dicho rasgo puede analizarse a partir de factores como la progresiva transnacionalización de fracciones de la burguesía de origen local, la falta de voluntad del sistema político para cuestionar los mecanismos de cesión de soberanía, la venalidad de las instituciones judiciales, así como las limitaciones autoimpuestas con que los sectores populares o de izquierda han decidido encausar su praxis política dentro de esta democracia restringida.

En resumen, la entrega de los recursos estratégicos nacionales ha sido un proceso sostenido y abierto que se ha profundizado a lo largo de distintos gobiernos como una tendencia estructural a plena luz del día y no en algún sótano oscuro de la República.

El Plan Andinia no existe, la entrega de soberanía sí.

David Acuña

David Acuña, historiador, profesor y militante peronista. 

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