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Un legado de igualdad que sigue en carrera


09 de mayo de 2026

El 7 de mayo no solo invita a repasar la vida de una líder inolvidable, sino también a revisar cómo su mirada transformó la actividad física en un derecho popular. Desde el asfalto de los barrios hasta las pistas de atletismo, aquella visión sigue latiendo en cada joven que compite con la camiseta de su provincia.

Diego Arturo

La Argentina conmemora el nacimiento de Eva Perón, Evita para los compañeros, una mujer cuya huella trasciende la política y se incrusta en los clubes de barrio, las piletas populares y las canchas de tierra. Lejos de los grandes estadios, Evita entendió el deporte como una herramienta de dignidad y justicia social. Su idea era clara: el acceso a la recreación y la competencia no podía ser un privilegio de pocos. Así, desde la Fundación Eva Perón, impulsó obras que masificaron la práctica deportiva entre los sectores más humildes, sentando bases que hoy definen la identidad del deporte argentino.

La creación de los polideportivos, las colonias de vacaciones y las piletas cubiertas en distintos puntos del país marcó un antes y después. Durante el primer peronismo, más de mil instalaciones deportivas se distribuyeron en provincias y municipios, muchas de ellas aún en pie. El complejo de Ezeiza, por ejemplo, llegó a albergar a miles de chicos y chicas que descubrían el placer de nadar, correr o jugar a la pelota. Evita no solo hablaba de victorias olímpicas, sino de formar ciudadanos sanos, felices y con oportunidades reales para desarrollarse.

En esa línea, nacieron los Juegos Infantiles Evita, un evento que convocaba a jóvenes de todo el país y que representaba la antesala de lo que hoy conocemos como los Juegos Nacionales Evita. Esta competencia, interrumpida por golpes de Estado pero recuperada, sigue vigente y es la principal vidriera del semillero deportivo argentino. Cada año, miles de adolescentes representan a sus provincias en disciplinas que van desde el atletismo hasta el hockey, llevando en sus pecheras el nombre de una mujer que creía en el talento popular.

El fútbol, pasión nacional, también tuvo su mirada. Aunque con matices propios de la época, Evita promovió el deporte femenino y alentó la participación de las mujeres en actividades antes vedadas. No es casual que muchas de las primeras futbolistas argentinas hayan encontrado en esos años un pequeño resquicio para jugar. Hoy, cuando la selección femenina de fútbol lucha por mayor reconocimiento, el espíritu de aquella lucha por la inclusión deportiva resuena en cada reclamo. La semilla que Evita plantó sigue creciendo, aunque falte regarla más.

Deporte argentino y peronismo han tejido una historia compleja, pero innegable. Evita no fue una dirigente deportiva en el sentido técnico, pero su obsesión por igualar el punto de partida de los más pobres derivó en políticas que moldearon generaciones enteras de competidores y aficionados.

Hoy, al recordar su natalicio, el deporte argentino le rinde un homenaje silencioso pero constante. Cada niño que usa una pileta pública, cada joven que viaja a unos Juegos Evita, cada club de barrio que sobrevive a la indiferencia estatal, lleva un pedazo de su ideario. Como ella decía: “No hay nada más hermoso que ver a un chico correr feliz”. En esa frase tan sencilla se esconde la esencia de una política deportiva que todavía nos debemos, pero que sin su empuje inicial ni siquiera existiría en el imaginario colectivo.

Diego Arturo

Diego Hernán Arturo es comunicador social, socio fundador de la cooperativa EME contenidos, militante político y de la economía social.

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