Urnas y distopÃas
01 de noviembre de 2025
Las elecciones legislativas que nos convocaron a las urnas el pasado domingo se siguen analizando entre números y argumentos que, según cómo se los mire, la explicación adquiere la lógica de victoria o derrota. Sin embargo, se sigue dejando afuera del balance algunas perspectivas que ubican nuestra vida polÃtica, económica, institucional y social en un lugar de captura, del cual es preciso poder encontrar la salida. Algunos elementos para agudizar el diagnóstico.
Un sesgo cognitivo es una distorsión en la forma en que ordenamos nuestro pensamiento. La modernidad y la imposición tecnológica de la etapa actual, construyó un ecosistema de saturación en la producción de información y la canalización de las vinculaciones sociales, que terminaron por exacerbar, amplificar y normalizar distintos sesgos cognitivos que modificaron la estructura del pensamiento crÃtico.
El sesgo de confirmación, entre tantos otros que operan en el mismo sentido, es la tendencia a segmentar la colecta de información y ordenar la misma para ratificar nuestras creencias preexistentes, por muy equivocadas que estuvieran.
Hace una semana nuestro pueblo fue convocado a las urnas, dos tercios de los llamados a votar, lo hicieron. Una parte importante colocó una cruz en un casillero de color violeta. La narrativa hegemónica vertebrada por los canales tradicionales y los vehÃculos virtuales, exhibió como ganador a la Libertad Avanza, en un resultado inesperado para todos, incluso para los que se alzaron con una victoria.
Desde hace una semana, los análisis acerca del resultado electoral andan a los tumbos en un laberinto sin salida. Cada quien recorta la información para ratificar sus propias creencias.
Los que se sienten victoriosos, eliminan del análisis la brutal crisis de representación polÃtica que se exhibe al observar que los ganadores en las urnas no contabilizan más del 25% del electorado que positivamente emitió su voto. Los que se asumen derrotados, fragmentan la información para encontrar un responsable dentro de su propio bando, y asà ratificar, que las razones de sus desencuentros estaban absolutamente justificadas.
Los que ni entran en la foto, ratifican su vocación permanente a acercarse a quien les asegure unos mangos, un poco de poder o un poco de tiempo para acomodar sus pretensiones.
En medio de tanto análisis, un sistema polÃtico que se mira su propio ombligo, que ratifica acrÃticamente el sugrafio como método para integrar la arquitectura institucional de un paÃs, que encuentra explicaciones para justificar el funcionamiento de una democracia raquitizada de participación popular y desertificada de capacidad para planificar el futuro de la Patria.
Y detrás de todos ellos, mas allá del rinconcito ideológico en el que fraguan posicionarse, emerge victoriosa la injerencia de Estados Unidos en una Patria colapsada.
Democracia a la carta
Hay una pregunta incómoda que atraviesa la justificada sorpresa que provoca el resultado electoral de la provincia de Buenos Aires, la más poblada del paÃs, y a lomo de la cual, se edifican las narrativas que hablan de victoria o derrota para una fuerza polÃtica en el terreno electoral.
¿Cómo logró La Libertad Avanza acumular 900.000 votos en cincuenta dÃas?
Con la boleta exhibiendo la cara de un candidato que habÃa renunciado envuelto en un escándalo narco, con una campaña electoral relanzada en un exótico evento en el Movistar Arena que testimoniaba delirio ideológico y extravÃo de racionalidad, con un sprint final que exhibÃa a Javier Milei absolutamente deteriorado en su enfermedad mental, con una campaña callejera de anuncio sorpresivo para evitar el repudio social, de testimonio en plano corto para esconder la anemia de adhesión polÃtica y con una escandalosa intervención directa en el diseño económico y polÃcito del paÃs por parte de Estados Unidos.
¿Cómo logró La Libertad Avanza acumular 900.000 votos en cincuenta dÃas? ¿Como hizo para que 900.000 personas en la provincia de Buenos Aires, y otras tantas que le resultaron esquivas en comicios provinciales, modificaran su voto y los acompañara en las urnas en tan poco tiempo?
¿Acaso una organización, con logÃstica y capilaridad social suficiente, logró movilizar un millón de almas en cincuenta dÃas para edificar un resultado electoral que justifique la narrativa necesaria para profundizar un ciclo profundamente antinacional y descaradamente antipopular?
A veces las explicaciones más sencillas suelen confirmar nuestro deseo de respuesta. Conviene, como reparo, intentar abrir un poco la mirada más allá del desierto de ideas que habita nuestra producción polÃtica local.
Colonialismo digital
Wang Huning es un dirigente polÃtico fundamental para comprender los últimos treinta años de la polÃtica en China, motor de un espacio colectivo de decisión institucional que impulsó el despliegue de una potencia geopolÃtica inocultable.
En 1991 identificaba en su obra “América contra América” los núcleos de debilidad de Estados Unidos respecto de quien señalaba que “se autodestruye por su individualismo radical, su mercantilización de la vida y su fractura social. China debe evitar ese camino".
Wang Huning es el arquitecto teórico de la gobernanza algorÃtmica china. Uno de los forjadores prácticos de ese “Gran Firewall”, la gran muralla tecnológica que impidió la circulación libre de Google, Facebook y los dispositivos de guerra tecnológica diseñados en Silicon Valey fue Lu Wei, ex director de ciberseguridad en China, quien al exponer sobre soberanÃa digital señaló que "Internet no puede ser un espacio sin ley donde empresas tecnológicas occidentales manipulen a los pueblos. El ciberespacio es nuestro territorio".
El decano de la facultad de asuntos internacionales de la Escuela Superior de EconomÃa de Moscú, Serguéi Karavanov, sostuvo en un reciente espacio de intercambio internacional sobre “Gobernanza AlgorÃtmica” que "la hegemonÃa occidental se basa en controlar flujos de información. Nuestra respuesta: crear sistemas alternativos (como Yandex, VK) y leyes que protejan la psique colectiva rusa".
Serguei Shoigu, secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, en forma reciente sostuvo que "Las guerras del futuro se ganarán en el espacio cognitivo. Debemos proteger nuestra esfera cultural".
Rusia diseña en clave soberana un modelo ruso para comprender el mundo. China expande su modelo de protagonismo estatal, su férrea defensa de los valores chinos para diseñar una nueva organización del mundo. Ambos lo hacen desde una consolidación de su soberanÃa digital para evitar las ofensivas corporativas que azotan la vida polÃtica de occidente.
Asomar la mirada al mundo, decÃamos en alguna editorial cercana, para entender que el mundo es mucho más grande que la vulgaridad que occidente propagandiza, y mucho más complejo que las ideas vulgares que lee en un teleprompter o publica sin filtro en una red social, un anaranjado Donald Trump.
Un mundo feliz
"La dictadura perfecta tendrá la apariencia de una democracia, pero será una prisión sin muros" decÃa Aldous Huxley en su distópico “Un Mundo Feliz” allá por 1932.
Con menos distopÃa, el optimista tecnológico Tim O’Reilly, desde su mirada crÃtica de Silicon Valey, ya en el año 2004 aún antes de la hegemonÃa de las redes sociales, sostenÃa que la polÃtica se convertÃa en una plataforma digital en la que los votantes serÃan “usuarios” y sus emociones el producto.
Hace un tiempo atrás, cuando la consultora Cambridge AnalÃtica explotó en el escándalo de la manipulación del voto en el Brexit y su injerencia en procesos electorales en Brasil y Argentina, el concepto de “microtargeting” comenzó a vincularse con el debate polÃtico.
“El microtargeting emocional es una técnica de manipulación masiva que combina análisis de big data, psicometrÃa y publicidad hipersegmentada para modificar conductas mediante el targeting de emociones especÃficas” explica Carole Cadwalldr de “The Guardian”. "No son campañas polÃticas, son operaciones de inteligencia psicológica financiadas por billonarios"
Shoshana Zuboff, por su parte, sostiene que "lo que llamamos microtargeting es en realidad mercado de futuros conductuales: comercian con lo que haremos mañana”.
Nuestras emociones expuestas en redes sociales, nuestras creencias, nuestros valores, nuestros miedos, nuestras alegrÃas. Lo que no ponemos, pero miramos. Los videos en los que nos detenemos, los que repetimos, el link que presionamos, el click en el que reincidimos. Nuestros datos nos ubican en un público segmentable, nos definen como “persuadibles”.
Las técnicas usuales marcan un alto grado de eficacia en la capacidad de modificar la conducta en el sentido deseado de un “persuadible” al que se lo somete a la exhibición de entre 60 y 90 piezas digitales de contenido emocianal dirigido (memes, noticias falsas, videos) en 50 dÃas.
No es magia, es simplemente un método más de condicionamiento de los destinos polÃticos de las Naciones occidentales que han decidido reducir la democracia al exclusivo ejercicio del sufragio como atributo participativo.
No es una estrategia invencible, tal y como lo demuestra la soberanÃa que exponen los polos de poder que emergen como amenaza para la hegemonÃa estadounidense.
Quizás la debilidad se explique en la falta de ientificación del problema, la carencia de soberanÃa para forjar instrumentos en su defensa y de organización polÃtica adecuada para darle batalla a tamaño desafÃo emancipador.
Injerencia ratificada
Argentina es un territorio de captura. Sus finanzas capturadas por el entremado de grupos económicos más poderosos de Occidente (BlackRock/JPMorgan) y desde ese lugar, la subordinación de su economÃa a los intereses financieros del entramado de satélites de esos grupos.
La polÃtica internacional capturada por Estados Unidos para alinear un paÃs clave en un ragión vital en su contienda geopolÃtica con polos de poder consolidados que aceleran su declino. Sin ir más lejos, Argentina renunció al ingreso a los BRICS sin disposición legislativa, administrativa, técnica o burocrática alguna que lo justifique y, como contracara, no provocó ninguna objeción seria por parte de la polÃtica opositora que ostenta poder institucional.
Su vida polÃtica e institucional fue capturada por Estados Unidos y su ecosistema de corporaciones que -además- controlan una parte importante de la producción polÃtica de Estados Unidos. Endeudamiento sin regulación, intervención extranjera sin acto administrativo alguno, privatizaciones sin reglas de trasnsferencia, renta financiera sin control ni reparo en los propios usos de la dinámica del funcionamiento del capitalismo. Nada. La economÃa primarizada al extremo, el extractivismo como método de producción económica, para satisfacer las demandas ajenas.
El Estado argentino está reducido a funciones represivas, de control legal y de mÃnimo servicio en pleno proceso de reducción de prestaciones.
Su organización social está capturada por un moldeo de ingenieria social diseñado por corporaciones que apuestan por el aceleracionismo tecnológico. Un experimento super exitoso de involución filosófico, cultural, moral, ético, cognitivo sostenido por altisimos niveles de consumo problemático de redes sociales.
Qué se necesita, qué se sabe, qué se quiere, qué me alegra, qué me entristece, qué hago mañana, quién es mi amigo, quién mi enemigo, quién me dió me gusta, quién me ghosteó, con quién me junto, cómo me junto, cómo me comunico. Todo, absolutamente todo, surge de lo que consumo en redes sociales antes que en la socialización efectiva y real en ámbitos primarios de vinculación colectiva.
Instagram me dice qué color pintarme las uñas, spotify qué banda escuchar, youtube qué me hace reÃr, Linkedin me dice cuánto verdugueo me tengo que bancar para ser resilente, tik tok me tira la posta, en facebook están los viejos contactos que están en cualquiera, mientras yo estoy en la posta de las redes que no son para viejos.
Tanto se decide, que también se decide a quién voto.
Argentina es un territorio de captura. Su sistema polÃtico funciona homogéneamente para que todo esto sea normal. Que el paÃs que fabricaba aviones, centrales nucleares, pionero en desarrollos cientÃficos que aún ocupan espacios de vanguardia intelectual, hoy compre rezago ferroviario para tirar a millones de trabajadores en estaciones ubicadas a 70 cuadras de tierra de su casa.
Ese sistema tiene a la democracia del sufragio como paradigma de organización sistémica, a los conchabos agrupados como organización institucional y a partidos controlados por chantas desertificados ideologicamente como método de organización polÃtica.
Por todo esto las elecciones son inexplicables desde el sentido común. Porque ratifican un estado de situación dramático, pero que lo excede a Milei y su expermiento trasnochado de La Libertad Avanza.
¿Y entonces?
Por empezar, hay que parar la pelota y pensar seriamente que la salida no está en los atajos que tramposamente nos ubica el sistema como respuesta para gestionar esta tragedia. Tampoco en el facilismo de convocar a unidades que desunifican, acuerdos programáticos que no tienen programa y a votar dirigentes que nos dirigen a la ruina.
El largo camino de pensar una organización polÃtica que revitalice el protagonismo militante, en el que la discusión polÃtica vuelva a ser condensadora de la construcción de una voluntad colectiva y la acumulación de poder encuentre en la lucha uno de los vectores indispensables para significarse, parece una tarea de largo aliento, pero indispensable en un tiempo de modernidad lÃquida o virtualización de las individualidades yuxtapuestas.
Revitalizar nuestras convicciones, asomando la mirada al mundo, y observando que los polos de poder que emergen en un mundo en conflicto, lo hacen sobre la reivindicación de su soberanÃa polÃtica, abrazado a los valores tradicionales que expresan su modo de ver el mundo y que apuntan a consolidar un destino de felicidad para su pueblo.
Hay mucho futuro en la Patria que seguimos soñando.


