Vaca Muerta late, el paÃs se desangra
04 de julio de 2026
El informe de coyuntura de EJES es lapidario: el mega yacimiento no es un motor de desarrollo, sino el corazón de un modelo que concentra inversiones, multiplica la deuda externa, fuga divisas y deja al resto de la economÃa en la ruina. Récord de producción, récord de pobreza.
Vaca Muerta no para de crecer. En los últimos doce meses, la extracción de crudo aumentó un 39% y la de gas un 13%. El yacimiento no convencional ya representa el 70% del petróleo y el 68% del gas de toda la producción nacional. En el primer cuatrimestre de 2026, se exportaron más de 300.000 barriles diarios de petróleo, un valor récord en la historia del país, y las exportaciones generaron ingresos por 2.601 millones de dólares, un 20% más que el año anterior.
Los números son deslumbrantes. Pero el informe de coyuntura que acaba de publicar el Observatorio de Energía de EJES, titulado “Vaca Muerta: el corazón de un modelo empobrecedor”, no se deja encandilar por el brillo de las estadísticas. Lo que revela es un modelo que extrae, concentra y fuga, mientras el resto de la economía argentina se desangra.
9 de cada 10 dólares invertidos en Neuquén
La concentración territorial de la actividad es tan abrumadora como previsible. Durante 2025, 9 de cada 10 dólares invertidos en hidrocarburos se ejecutaron en la provincia de Neuquén. El resto del país, con sus cuencas convencionales en declive, queda relegado a un papel secundario. El desarrollo no convencional no solo no derrama hacia otras provincias: las absorbe.
Este crecimiento extraordinario, señala el informe, ocurre en un contexto en el que “la fragilidad de la economía argentina se acentúa. El proceso inflacionario no cede, caen los ingresos salariales, se pierden empleos formales, se desploma el consumo y los hogares no pueden atender las deudas que masivamente contrajeron”.
Y lejos de ser un proyecto virtuoso aislado, Vaca Muerta es “un elemento central de un esquema de mayor desigualdad y de mayor precarización de los empleos y los ingresos”.
El negocio no es exportar: es endeudarse
Aquí está el meollo del informe. Durante la gestión de Javier Milei, las exportaciones de petróleo aumentaron notablemente y el balance comercial energético permitió un ingreso neto de 11.000 millones de dólares. Pero el principal aporte del sector fue otro: “desde diciembre de 2023, las empresas trajeron al país 13.000 millones de dólares por la vía del endeudamiento externo”.
Sin ese flujo de dólares financieros, la estabilidad cambiaria —eje del plan de gobernabilidad del gobierno— “se habría esfumado hace tiempo”. En el primer cuatrimestre de 2026, el endeudamiento externo neto del sector energético sumó 3.219 millones de dólares, superando incluso el resultado comercial de la actividad.
Es decir: la principal fuente de divisas del sector no es lo que vende, sino lo que pide prestado. Y esos dólares no entran al país para quedarse e invertirse, sino “para atender la histórica demanda de dolarización de ganancias”. Vaca Muerta, dice EJES, “es el ancla económica que mantiene alineada a la cúpula empresarial con el gobierno”.
La fuga de divisas: el regreso de un viejo problema
El informe documenta con precisión la sangría. En el primer cuatrimestre de 2026, el giro de utilidades y dividendos al exterior sumó 567 millones de dólares. Un problema histórico que había sido contenido durante los años de cepo y que ahora, con la flexibilización cambiaria, regresa con fuerza.
Pero la fuga no se limita a las utilidades. El pago de intereses por la deuda externa del sector representa una pérdida millonaria de dólares todos los meses. El resultado final es que, aunque el comercio de bienes energéticos generó un saldo positivo de 2.640 millones de dólares en el primer cuatrimestre, una vez descontados los mecanismos financieros (intereses, utilidades, etc.), el saldo cambiario favorable se reduce a 1.566 millones. Más del 40% del superávit comercial del sector se perdió por la vía financiera.
El modelo de enclave
El objetivo de fondo de este modelo, advierte EJES, es “transformar la complejidad económica, social, política y distributiva de un país industrializado en la sencillez administrativa de una economía de enclave”.
¿Qué es una economía de enclave? Un territorio que se dedica a extraer un recurso natural y exportarlo, sin generar encadenamientos productivos, sin industrializar, sin crear empleo de calidad en cantidad suficiente, sin redistribuir la riqueza. El enclave no integra: extrae. No desarrolla: concentra. No derrama: fuga.
“A medida que avanza esta mutación de la matriz productiva”, concluye el informe, “millones de argentinos y argentinas quedan excluidos del modelo, amortiguando su caída de forma temporal únicamente a través del autoempleo y el endeudamiento familiar”.
La otra cara del récord
Mientras Vaca Muerta bate récords de producción, exportación y endeudamiento, el país sigue su espiral descendente. La industria manufacturera y la construcción —los sectores que históricamente generaban empleo de calidad— perdieron 128.000 puestos en dos años. El salario real acumula una caída del 13% desde la asunción de Milei. El consumo en supermercados está 10 puntos por debajo de los niveles de 2023. Y la pobreza en Neuquén, la provincia que concentra el 70% del petróleo del país, alcanza al 44,6% de la población.
El informe de EJES no deja lugar a dudas: Vaca Muerta no es un problema de recursos. Es un problema de modelo. El gobierno de Milei, con el RIGI como bandera, los tarifazos como herramienta y la flexibilización del cepo como bisagra, ha convertido el principal yacimiento de hidrocarburos del país en una máquina de generar dólares para las corporaciones, mientras la mayoría de los argentinos sigue esperando que ese derrame que nunca llega.
Los récords de producción son para la tribuna. La pobreza, para el bolsillo. El modelo, en su esencia, es el mismo de siempre: extraer, concentrar, fugarse. Y dejar el resto para que lo paguen los de siempre.


