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El Atlántico Sur en venta: cómo Milei cede el control de nuestro mar a Estados Unidos


30 de mayo de 2026

Bajo el eufemismo "Protección de los Bienes Comunes Globales", el gobierno firmó un acuerdo con el Comando Sur que pone al Atlántico Sur bajo monitoreo estadounidense. El Programa 333 ata la Armada argentina a la tecnología y el mando de Washington. Mientras tanto, Israel y el Reino Unido avanzan en la explotación petrolera ilegal de Malvinas. Soberanía, un concepto en extinción.

Mariano Luna

"Protecting Global Commons Program" se denomina el acuerdo que la Embajada de Estados Unidos en Argentina anunció que estaba firmando en formato "Carta de Intención" entre el contraalmirante Carlos Sardiello, comandante de la Cuarta Flota del Comando Sur, y el jefe de la Armada argentina, almirante Juan Carlos Romay. La traducción es "protección de los bienes comunes globales".

"La iniciativa establece un esquema de cooperación de cinco años centrado en el monitoreo del Atlántico Sur, con la incorporación de equipamiento norteamericano —comenzando por una cámara FLIR instalada en un Beechcraft B-200 de la Aviación Naval— y entrenamiento militar especializado. El acuerdo se enmarca dentro del Programa 333 del Departamento de Defensa de los Estados Unidos" se informó en un comunicado .

La comunicación pública del acuerdo no fue realizada por el Ministerio de Defensa ni por la Cancillería, sino por la propia representación diplomática estadounidense en Buenos Aires, lo que redondea la capitulación política que significa la decisión de entregar el Mar Argentino a la idea de "Bien Global" y autorizar su monitoreo por parte de una potencia extranjera.

 

El Programa 333: la jaula tecnológica

Para comprender la magnitud de la entrega que el gobierno de Javier Milei ha sellado con el Comando Sur, es necesario desarmar la terminología técnica donde se oculta lo que no es otra cosa que convertir al Atlántico Sur en un protectorado marítimo de facto. Un acuerdo que se sostiene sobre dos pilares diseñados en Washington que anulan la autonomía nacional: el Programa 333 y la doctrina "Protecting Global Commons".

El Programa 333 (Section 333 - Capacity Building) es la principal herramienta del Departamento de Defensa de EE.UU. para proporcionar equipos, entrenamiento y servicios a fuerzas de seguridad extranjeras, y se aplica en 90 países . La trampa es sutil pero letal: a diferencia de una compra soberana donde el país elige su equipo según su necesidad, bajo el "333" es EE.UU. quien selecciona la tecnología que tendremos que utilizar, para que sea compatible con sus propios sistemas de mando . El receptor debe permitir auditorías de "uso final" y cumplir con estándares de "interoperabilidad". En la práctica, Argentina cede la planificación de su defensa marítima a cambio de material que no podría mantener por sus propios medios debido al ajuste presupuestario aplicado.

Este acuerdo se conoce apenas horas después de que se confirmara el recorte de $46.000 millones en programas de alistamiento operativo de las Fuerzas Armadas argentinas. La contradicción no es un problema de hipocresía, es un afinado ensamble de decisiones políticas tomadas en el extranjero para condicionar la soberanía nacional, subordinar al Estado y desmantelar las pretensiones nacionales sobre una parte importante de nuestros recursos estratégicos. El desfinanciamiento de las capacidades propias de defensa y la incorporación de tecnología y mando común con EE.UU. para determinar amenazas y neutralizarlas representa una capitulación del control soberano sobre el Atlántico Sur.

 

"Global Commons": el fin de las 200 millas

El uso del término "Protecting Global Commons" (Protección de los Bienes Comunes Mundiales) es la mayor afrenta jurídica de este siglo. En el derecho internacional, este concepto se aplica a espacios que no pertenecen a nadie (como la alta mar). Al aplicarlo a nuestro mar territorial, el Gobierno consiente que el Atlántico Sur es una zona de libre intervención .

La "Cuarta Flota" del Comando Sur, reactivada por EE.UU. en 2008 para vigilar la región, es la entidad que ahora "supervisa" las aguas argentinas . Integrar a nuestra Armada en su red de "seguridad regional" consolida un esquema donde las decisiones estratégicas se toman en Florida, y no en Buenos Aires. Según el propio Departamento de Defensa estadounidense, el control de los "bienes comunes globales" (océanos, espacio, ciberespacio) es "el principal habilitador del poder militar desplegable globalmente de Estados Unidos" . No se trata de cooperación desinteresada: se trata de asegurar la supremacía militar yanqui en cada rincón del planeta. Y la Argentina acaba de poner su llave en la puerta.

 

El botín británico-israelí en Malvinas

Mientras el gobierno argentino emite comunicados para fingir preocupación, en términos efectivos se rinde geopolíticamente con Israel e Inglaterra. En el mismo Atlántico Sur que ahora patrullará la Cuarta Flota, la corporación israelí Navitas anunció la incorporación de una segunda plataforma petrolera en nuestras Islas Malvinas, en el plan conjunto que desarrolla junto a la petrolera británica Rockhopper, con la que proyecta expandir su capacidad de producción a 180.000 barriles de petróleo diarios, lo que al día de hoy podría representarle 20 millones de dólares por día producidos en el más absoluto descaro del colonialismo .

El proyecto Sea Lion, operado por Navitas y con Rockhopper como socio (35%), requiere una inversión de 1.800 millones de dólares para la primera fase y 2.100 millones para la finalización completa. La primera fase utilizará el FPSO Aoka Mizu, con capacidad de 55.000 barriles por día, y ya firmaron un memorando de entendimiento para una segunda plataforma que agregaría otros 125.000 barriles diarios . Las obras en tierra ya comenzaron: preparación del muelle y la base costera, construcción de viviendas para trabajadores e infraestructura adicional. La perforación comenzará a principios de 2027 y el primer petróleo está previsto para el primer semestre de 2028 .

"Esta extraordinaria masa de dinero diario —que representa más de 7.000 millones al año— explica por qué los fondos de cobertura de Tel Aviv y los lobistas de la City de Londres avanzan sin mirar las gacetillas de repudio de la Cancillería argentina", advierten desde Agenda Malvinas, con razón.

Entiéndase: el Programa 333 pone las cadenas tecnológicas, y la doctrina de los Bienes Comunes pone el sustento ideológico para que la Argentina deje de reclamar por lo suyo y acepte ser un vigilante de segunda clase bajo órdenes de una potencia aliada del usurpador británico. La soberanía, como concepto, se ha vuelto incómoda para este gobierno. Por eso la disuelven en jerga técnica. Por eso la cambian por "bienes globales". Por eso, mientras las petroleras israelíes y británicas vacían el mar que nos rodea, el gobierno nacional aplaude desde la costa con un sensor prestado.

Mariano Luna

Mariano Luna es licenciado en comunicación social de la Universidad Nacional de la Patagonia (UNP). Ha colaborado en medios patagónicos en materia energética. 

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