Grooming: el acoso digital
18 de mayo de 2026
Esta palabra suena extraña, pero esconde una amenaza real dentro de los clubes de barrio y las divisiones inferiores. No es un problema lejano ni una exageración de adultos desconfiados. Detrás de una promesa de futuro, de una prueba de talento o de un simple "hola”, puede estar iniciándose un delito. Entender qué significa grooming es el primer paso para proteger a los pibes.
El grooming es un delito de acción progresiva donde un adulto contacta a un menor a través de internet, redes sociales o videojuegos, y construye un vÃnculo de confianza con un único objetivo: obtener imágenes Ãntimas o concretar un abuso sexual. No es un hecho violento ni repentino, sino una manipulación paciente que puede durar semanas. El adulto suele fingir ser otro menor o alguien con poder dentro del deporte. Por eso en los deportes juveniles es un terreno fértil para esta práctica.
En el contexto de las divisiones inferiores, el grooming se camufla detrás de ofertas de pruebas, contactos con representantes o supuestos beneficios para la carrera del chico. El acosador estudia al menor, lo halaga por su rendimiento, le promete visibilidad y poco a poco lo aÃsla de su familia y sus compañeros. Le pide fotos para “evaluar su fÃsico” o videollamadas privadas. Cuando el chico ya envió algo, el adulto cambia el tono y aparece la amenaza: si no seguÃs, le muestro todo al entrenador.
La ley argentina, mediante la Ley 26.904 del Código Penal, tipifica el grooming como un delito autónomo con penas de seis meses a cuatro años de prisión. No es necesario que haya existido un encuentro fÃsico ni un abuso consumado. Basta con que el adulto haya contactado al menor con un propósito sexual manifiesto y haya utilizado engaños o manipulación. Si el acosador es entrenador, dirigente, profesor o cualquier persona con autoridad sobre el menor, la pena se agrava.
El club no puede mirar para otro lado. La Ley de Protección Integral de Niños, Niñas y Adolescentes (26.061) obliga a cualquier institución a intervenir ante sospechas de vulneración de derechos. Esto significa que los dirigentes deben implementar un protocolo interno, capacitar a todo el personal y habilitar un canal de denuncia anónimo. El silencio institucional no solo es negligente, sino que puede derivar en responsabilidad penal para quienes sabÃan y no actuaron.
Los padres tienen herramientas concretas para prevenir. Es clave conocer las aplicaciones que usan sus hijos, configurar la privacidad de las cuentas y mantener los dispositivos en espacios comunes de la casa. Pero lo más importante es el diálogo: explicarles que ningún adulto legÃtimo les pedirá jamás una foto Ãntima, ni siquiera para “ayudarlos” o “evaluarlos”. También deben saber que, si algo ocurre, la culpa nunca es del menor.
Para los entrenadores y cuerpos técnicos, hay señales de alerta que no se pueden ignorar. Un juvenil que de repente se aÃsla del grupo, que baja su rendimiento sin causa aparente, que esconde el celular o que recibe regalos injustificados merece una conversación privada y respetuosa. No se trata de interrogar, sino de abrir una puerta de confianza. Y si la sospecha se confirma, hay que activar el protocolo del club y acompañar a la familia a la denuncia.
Los chicos y chicas, que juegan a diferentes deportes, también necesitan información clara. Un adulto de verdad no necesita ver tu cuerpo para saber si jugas bien. Si alguien que conociste por internet te pide una foto sin ropa, aunque te diga que es para una prueba o que es normal, está cometiendo un delito. No borres los mensajes, no sientas vergüenza y pedà ayuda. Llamá al 102 o contale a un adulto de confianza. No estás solo.
Combatir el grooming no requiere tecnologÃa avanzada ni grandes inversiones. Requiere adultos que miren, que escuchen y que se atrevan a hablar de este tema con nombre y apellido. Cada club que capacita a sus entrenadores, cada padre que dialoga con su hijo, cada dirigente que firma un protocolo, está construyendo un muro de protección. El grooming crece en el silencio. La información es su peor enemigo.


