Los niños y las armas, en tiempos de violencia individual
29 de agosto de 2026
En agosto la feria de armas de Buenos Aires fue muy exitosa. Niñas y niños probaron armas de fuego que duplicaban su peso. Hay en Argentina unos 4 millones de armas. Y crecieron el 41,9 % entre 2023 y 2025. En el mercado ilegal provienen de las denunciadas como perdidas en las fuerzas de seguridad. Y fogonean prácticas que asoman a la realidad argentina: las amenazas de masacre escolar.
Con 8 ó 10 años, un enjambre de niñas y niños se probó –cual protagonista de Counter Strike- armas que pesaban el doble que ellos. Un nene cerró un ojo, se sentÃa poderoso con su chaqueta verde oliva de camuflaje, y –custodiado por dos militares de verdad- jugó a disparar a una multitud imaginaria. Era en la feria de armas de Buenos Aires. Que, esta vez, con la venta de armas desregulada y la baja en la edad legal para el acceso, fue un éxito de concurrencia.
Armas y uniformes suelen ser un imán en la infancia a lo largo de los tiempos. Hubo una época en la que los niños sobre todo jugaban al ladrón y al policÃa. Los contextos sociales y polÃticos marcaron usualmente cuál de los dos era el que más identificación generaba. Al crecer ya las cosas cambiaban. Y los tiempos polÃticos aceleran esas identificaciones y obligan a elegir en qué lugar de la vida se para cada uno. Pero, además, con la inserción masiva de los dispositivos electrónicos en la sociedad, el juego del ladrón y el policÃa ya perdió vigencia y fue reemplazado por otros con mayor grado de complejidad y en una feroz competencia virtual.
Hoy hay –entre las registradas y las que no- casi 4 millones de armas en circulación. Mitad y mitad. Ferias como la que se realizó en agosto buscan imprimir el deseo y la atracción por ese universo. Que suelen contar con una presencia institucional desde las fuerzas de seguridad que asumen en los stands el rol de anfitriones. El mismo rol que se asumÃa, por ejemplo, en la Noche de los Museos, en Buenos Aires, cuando niños y jóvenes de diferentes edades montaban a las motocicletas oficiales para probarse sobre Avenida de Mayo, en el museo policial.
Entre 2023 y 2025 creció en un 41,9 por ciento el número de armas registradas, se triplicaron las importaciones y subieron en un 20 por ciento las tenencias autorizadas. Pero en los últimos años se vienen registrando 8 denuncias diarias por robo o extravÃo de armas. Y hace apenas unos dÃas se confirmaron los procesamientos de varias personas –incluyendo un policÃa y un funcionario del ex Renar- por una red de desvÃo de armas a mercados ilegales. El grueso: pistolas semiautomáticas de calibres 9 mm, 40 y 380, principalmente de las marcas Bersa, Taurus y Glock (como la que el diputado Miguel Angel Pichetto posa sobre el escritorio junto a un café a la hora del desayuno).
El sociólogo Esteban RodrÃguez Alzueta escribió que el problema no sólo son las armas sino la ostentación de las armas. Y habla entonces de policÃas en los operativos callejeros o irrumpiendo a pura patada y fusil en villas y conurbanos. Porque –agrega- la tecnologÃa tiende a militarizar a las policÃas y a transformar a sus efectivos en auténticos Robocops.
Cuando el gobierno actual fogonea –en polÃticas alineadas con el trumpismo- la liberación del uso de armas se propagan las prácticas de mercado legal y mercado ilegal de armas de fuego. Este último –como se está demostrando en la causa judicial antes mencionada- abultado por armas perdidas o “¿robadas?” a las fuerzas de seguridad. Y que después reaparecen mágicamente en manos de delincuentes o de vÃctimas de causas armadas. Emergen en jóvenes cooptados para robar para la corona, sintetizada demasiadas veces en oficiales de calle.
Hay escenas que son pinceladas de realidad social. El video que se pone en marcha automáticamente en los medios, como sucede en la actualidad se los quiera o no ver, muestra cómo en La Matanza, una pareja de policÃas acribillan a cuatro jóvenes entre 18 y 22 que intentaron robarles el auto. Van cayendo uno tras otro como en los videojuegos. Uno se salvó pero está hospitalizado. Grave. Pero los disparos eran directos para producir la muerte. Nada de advertir y, a lo sumo, producir una herida. Es la muerte o nada, como ocurre en este tipo de historias en las que, como mucho, se busca introducir la variable de la defensa propia.
Armas que en contextos de profunda desigualdad social terminan siendo la variable de ajuste para la reducción de sectores ya vulnerados en sus historias cotidianas. Armas que han fogoneado las crónicas de amenazas de masacre muros adentro de las escuelas. Que apenas unos cuantos años atrás no formaban parte de las vidas de estudiantes en territorios argentinos. Y que hoy se acoplan con las modernas formas de reproducir temores y de multiplicar ansiedades.
Esos nenes y nenas del inicio de la nota seguramente sienten, al cargar con esfuerzo el arma entre sus manos y colocar el ojo en la mirilla, que se meten de lleno en el videojuego que los atrapa. Seguramente a sus 8, sus 10, sus 12 no logran distinguir cabalmente esas historias de virtualidad que tanto visitan, de la realidad pura y cruel en la que la inequidad los escupe de lleno demasiadas veces.
Son estos tiempos raros. Una época en la que –como suele repetir el filósofo conurbano Pedro Saborido- no hay grandes estallidos sociales pero hay micro estallidos individuales. Claro, son épocas de individualismos hasta en los estallidos.
Fotos: Rodrigo Abd


