Por Fierro
15 de noviembre de 2025
Pensar en nuestra tradición y batallar contra la colonización cultural. Charla con Pablo Chihade, autor del poema gaucho La Patriada.
Si usted, lector, está frente a este texto, podemos dar algunas cosas por sabidas: que el día de la tradición en nuestro país se celebra el 10 de noviembre, que se celebra en esa fecha ya que es aniversario del natalicio de José Hernández y que se lo recuerda a él por ser el autor del Martín Fierro. La festividad fue bonaerense hasta que María Estela Martínez de Perón la convierte en nacional durante su mandato, en 1975.
La vida de Hernández fue muy agitada, al calor de una época que exigía a políticos y periodistas arriesgar algo más que declaraciones altisonantes, se aventuró en posturas que lo llevaron a batallas, exilios y a que su cabeza tenga precio (el precio lo fijó el Padre del aula). Puso el cuerpo y la pluma al servicio de la patria. También tuvo vaivenes y en la reconciliación que se expresa en La vuelta puede existir un correlato con su derrotero político.
Pero escribió el Martín Fierro, retrato siempre actual de las injusticias a la que es sometido una gran parte de nuestro pueblo, siempre pobre, marginado, expulsado, estafado, condenado a la miseria. Van cambiando los escenarios, el lenguaje y las formas, pero la inequidad sigue.
Y tal vez, en parte, por ello, tristemente, conserve su vigencia ese extraordinario poema, en que sigue contando una Argentina que persiste y hoy se consolida ante el cipayismo y la entrega total de la patria.
Para los que habitamos en la ciudad de Buenos Aires el día de la tradición pasó sin pena ni gloría, el gobierno local, como todo acto, organizó una charla con un pariente de Molina Campos en el espacio cultural de Avenida de Mayo, frente al Cabildo, y listo, tradición resuelta.
Halloween ganó por goleada.
En el resto del país los festejos se dieron durante toda la semana llegando hasta este fin de semana incluso, el ánimo tradicional es otro, claramente.
El problema radica en que la construcción de sentido en un país etnocéntrico y unitario como este parte desde la ciudad capital, traficante de todas las imposiciones culturales foráneas. So pretexto de cosmopolita la ciudad de Buenos Aires es la gran difusora de la colonización cultural a la que nuestro país es sometido desde hace décadas.
Los grandes medios de comunicación y las usinas ideológicas que nutren a todo el arco político tienen sede en la ciudad, desde aquí se suministran los lineamientos culturales que llegan a todo el país. Sí, hay otras referencias y patrones locales, pero sería ingenuo pensar que pueden contrarrestar lo que se envía desde la Ciudad Autónoma, simplemente por una cuestión presupuestaria, de maquinaría.
En el tránsito de este gobierno asistimos impávidos a un proceso de recolonización política y económica que ha entregado no solo nuestros recursos naturales sino también la posibilidad de toma de decisiones sobre nuestro futuro, ayer se terminó de conocer el “acuerdo de libre comercio” que se contrajo con Estados Unidos, escandaloso.
Todo esto posible gracias al proceso de colonización cultural que se ejecuta desde 1976 sin prisa y sin pausa, con guerras que se libran en las redes sociales, internet y medios de comunicación que son cognitivas y simbólicas donde no solo se impone modas extranjeras sino que se induce a la población a despreciar su propia historia, sus costumbres y tradiciones. Se despoja al individuo de su entorno, se lo aleja de vínculos y se le inocula costumbres y hábitos foráneas. Incluso en el veranito folclórico de los últimos meses vía streaming y eventos masivos lo que se devuelve a las personas que lo consumen es un producto que fue procesado por los cánones culturales extranjeros. Los porteños no tienen ni quieren tener una peña en un club o en una sociedad de fomento, quieren un Movistar Arena con merchandising.
¿Qué tiene que ver la reciente entrega de Milei a Estados Unidos vía “tratado de libre comercio” con el Movistar Arena y las peñas folclóricas? Que el constante proceso de colonización cultural, guerra simbólica y guerra cognitiva despoja a la sociedad de la posibilidad de reacción colectiva ante un hecho tan vergonzante cometido por un impresentable como Milei. En una sociedad consciente y defensora de su soberanía no podrían ocurrir semejantes actos de cipayismo. Y sí, celebrar la tradición, bailar folclore y hacer una peña está más emparentado con la soberanía de lo que imaginamos.
En las formas de vida colectiva, con apego a tradiciones y costumbres el espíritu de comunión genera mayores defensas ante ataques externos, incluso cuando esos ataques externos son llevados a cabo por una dirigencia política (toda) al servicio del extranjero.
Pese a todo, a Martín Fierro se lo sigue leyendo, escuchando y citando, en gran parte de nuestro país hay pibes que ensayan un malambo o agrupaciones que preparan una peña. Artistas de todo ámbito dinamizan la cultura popular generando una circulación constante de expresiones que condensan tradición y reconfiguran los elementos artísticos para que el folclore permanezca latente entre nosotros.
La gran capacidad y sensibilidad de nuestros artistas han logrado, por ejemplo, vincular al rock con el folclore, Charly y Mercedes Sosa, Fito Páez, Divididos y esa gran versión de El Arriero. Ricardo Iorio fue un gran defensor y difusor de la milonga, del canto surero, con Larralde como estandarte se encargó de acercar a su público a Herencia pa´ un hijo gaucho o Quien me enseñó.
Más acá en el tiempo, hace unos pocos años, Ana Patané y Pablo Chihade conformaron el dúo Ramanegra para reversionar canciones de heavy metal donde se imponen Hermética y Iorio en le cancionero. Con un predominio de la milonga surera pero abarcando otros ritmos el dúo ha generado versiones que conmueven tanto por la calidad interpretativa como por el contenido mismo de las letras. Imperdible, disponible en todas las plataformas.
Pablo Chihade además de músico es compositor y profesor de historia, con un gran sentido de pertenencia a la provincia que habita, Buenos Aires, piensa en clave de poema gaucho los desafíos que tenemos por delante aquellos que pensamos que un Proyecto Nacional es posible.
En los últimos días ha publicado La Patriada, Construcción de un Proyecto Nacional (poema gaucho), allí repasa nuestra historia, la historia de aquellos que pelearon por una patria soberana; relata también las derrotas y propone una idea de futuro donde el pueblo se encuentra con su ser nacional para alcanzar la grandeza de la nación.
En días donde la política nos ofrece entrega, postración y miseria, buscar ideas y reflexiones junto a aquellos que con su arte expresan identidad, tradiciones y propuestas de futuro nos hace saber que aunque la patriada sea gigante la luz volverá, no importa la larga noche.
Entrevista a Pablo Chihade
¿Por qué se escribe La Patriada?
De muy chico me llegó el Martín Fierro, había uno en casa muy lindo, de cuero y madera. Si bien nunca me fue bien en la escuela, me gustaba leer. De adolescente, en mi primera banda de metal pesado, musicalicé un pasaje del Martín Fierro, la parte de la payada del moreno, y la tocábamos siempre que nos presentábamos en vivo. De más grande conocí “El Payador Perseguido” de Yupanqui, “Herencia para un hijo gaucho” de Larralde, milongas de Zitarrosa escritas en décimas, y siempre tuve ganas de escribir algo de ese estilo, por su complejidad y por lo bello de la rima, y porque en la mayoría de los casos, contienen un mensaje social, político, no ajeno a las injusticias.
Un poco por todo eso, otro un poco por estar en uno de los contextos más aterradores de nuestra historia, también por mi amor hacia la historia argentina. Y sumándole por último mi admiración a la música y a las expresiones culturales folclóricas de mi querida provincia de Buenos Aires, en donde la décima, o la sextilla, se manifiestan en diferentes ritmos o danzas (cifra, milonga, estilo). Así fue que se fue volviendo inevitable el nacimiento de La Patriada.
Disponerse a divulgar la historia argentina desde el ser nacional presupone un compromiso político, ¿también es un compromiso político hacerlo en forma de poema gaucho? ¿Cómo imponer una estética anticolonial?
En un momento al comienzo de los versos, uno dice: “tengo el criollo deber de jugar esta partida”. De alguna manera cuando veo lo que nos está pasando hoy, siento que tenemos una responsabilidad con la historia argentina, como una especie de obligación moral de tener que revertir esta situación. Justamente para no faltarle el respeto a dicha historia y a quienes la fueron escribiendo dejando todo, incluso la vida.
Al poner poema gaucho dejé de lado observaciones más formales, si gaucha o gauchesca, justamente para como decís, partir de un compromiso político, marcar una posición; posición que se va a gestar desde la manera que elijo para escribir el poema (que es como está escrito el Martín Fierro, que nace como crítica al triunfo liberal-unitario) hasta el contenido que va a tener.
La sobrecolonización política actual tiene su correlato en la cultura, incluso podríamos pensar que más allá de las distintas intensidades de dependencia y subordinación a las potencias extranjeras de los últimos cincuenta años, la colonización cultural fue constante y profundizándose con el correr de los años. Hoy se suma una guerra cognitiva que complejiza aún más esa colonización y la posibilidad de contrarrestarla.
¿Qué deberá ocurrir para revertir la colonización cultural tan profundamente arraigada en nuestra sociedad?
Como justamente dice tu pregunta, está profundamente arraigada, y a veces me desespera pensar que quizá no haya vuelta atrás.
Se me ocurre pensar que quienes nos movemos en ambientes de cultura, sintamos la responsabilidad de apostar a revertirlo de a poco, sumando desde donde podamos, aunque sea desde lo más mínimo. Por ejemplo, con la música que elegimos, con la estética que elegimos para nuestras propuestas, con lo que decidimos decir en las letras si es que hacemos música. De todos los frentes de la cultura deberíamos tener en cuenta eso. Digo esto para no responsabilizar únicamente a los gobiernos de turno, o a los grandes medios de difusión, o a las grandes productoras, que sabemos que solo ven un producto, no importa nada más que eso.
Por eso parto de la idea de que está en nosotros hacer lo que podamos para sumar a empezar a revertirlo de a poco. Y también está en las aulas, sin dudas. De todos los niveles, desde el inicial hasta el universitario. Empezar a saber un poco más de nosotros, y no creer que la solución de todo viene de Europa o de los Estados Unidos.


